“Los intelectuales en el drama de España.
Ensayos y notas (1936-1939)”
por María Zambrano
Hispamerca, 1977

Me propongo realizar un análisis de Los intelectuales en el drama de España. Ensayos y notas (1936-1939) recopilatorio de artículos escritos por María Zambrano para revistas que se editan en plena Guerra Civil Española como “Hora de España”, o “Madrid, Cuadernos de la Casa de la Cultura”. Dicho análisis servirá para pensar el rol de ese actor social llamado intelectual, por cuanto trabaja en utilizar la inteligencia –ya sea a través de la poesía, teatro, novela, la filosofía, el ensayo, o la historia–, y más concretamente, el papel del intelectual en un período extraordinario y excepcional como es el de una guerra, y una guerra civil.
María Zambrano regresó a España a mediados de 1937, en plena guerra declarada, y pasó a ser miembro del Consejo Nacional de la Infancia Evacuada, de la Comisión de Historia de la Guerra así como de la Comisión de Literatura. Filósofa y ensayista, Zambrano vivió el resurgir de la cultura y de la inteligencia españolas de las primeras décadas del siglo XX y su mayor realización, la II República Española, tal y como lo cuenta en su libro de memorias Delirio y Destino[1]. El golpe de Estado fracasado contra la República la encontró en Chile, pero decidió volver para defender lo que ella consideraba como la legítima República. Del 37 al 39 vivió en Madrid, Valencia y luego Barcelona, hasta la derrota de los republicanos cuando hubo de exiliarse hacia Francia, partiendo de ahí a México y luego a Cuba, en lo que sería un largo y penoso exilio.
El libro incluye además el propio trabajo inteligente de Zambrano: reseñas de otras obras de intelectuales españoles (como del libro La guerra de Antonio Machado o de Misericordia de Galdós) así como una carta a Gregorio Marañón; y se añade una segunda parte de Ensayos y Notas escritas entre el 37 y 39 y publicadas dispersas en revistas latinoamericanas, que resultan importantes reflexiones para entender la misma historia y causas de la tragedia que vive España en ese entonces, como La reforma del entendimiento español o El español y su tradición.
Es en ese sentido que esta obra resulta interesante, pues permite observar cómo la guerra afecta todas las facetas de la vida, también al trabajo de la inteligentsia -como se les llama en Rusia a los intelectuales-: su trabajo es el de una intelectual en una Guerra Civil, que participa de ella reflexionando acerca de los motivos que han llevado a un pueblo a semejante estado de odio contra sí mismo, como una manera de evitar el drama, pero también como una vía de vencer al bando sublevado, el fascismo español, que es, a su parecer, contrario a la inteligencia.
El libro
Si bien la edición de Trotta, al mantener una unidad temática, es punto de referencia para comprender la dimensión filosófica y personal de Zambrano frente al tema de la guerra, he elegido, sin embargo, centrarme en la segunda edición de Hispamerca, por considerar que responde a la propia voluntad compositiva de la autora, y resulta un mejor testimonio de la escritura en plena guerra y de su vivencia –por cuanto adquiere mayor importancia su difusión que el acabado. Aunque sin menospreciar la realizada por Moreno Sanz, y teniéndola en cuenta en todo momento por la razón antes mencionada, pues me servirá básicamente como apoyo histórico.
Los intelectuales en el drama de España... no es un libro unitario como no lo es ninguno de los libros de esta ensayista, en el mejor sentido de la palabra; en el sentido que le dio Montaigne, el sentido francés de essayer: probar, intentar. No hay un camino para llegar a la verdad sino senderos, vacilaciones y distintas vías de aproximarse al epicentro de la cuestión. Pero es en su desvarío, en su fragmentarismo, en su discurrir donde se juntan puntos de contacto y cruces de caminos[2], por lo cual se han venido a juntar diversos escritos que Zambrano publica en Chile en 1937 bajo el título Los intelectuales en el drama de España, y la segunda parte Ensayos y notas, artículos publicados independientemente en revistas, la mayoría en Hora de España, pero también en revistas de Latinoamérica como Sur, todos ellos escritos en España entre el 37 y el 39.
Así lo que nos ofrece Zambrano es un testigo incomparable de vivencia y experiencia de la guerra, y aún más si lo que trata este libro es indagar la función y comportamiento del intelectual ante una guerra. Por un lado está la propia voz de María Zambrano que intenta desentrañar los motivos de semejante tragedia:
La guerra (y su experiencia)

“En los momentos de la guerra, cuando algo profundo y definitivo en el ser humano está en guerra, porque siente que su existencia misma está en juego, irrumpe el ímpetu combativo, el valor que arrastra a la muerte y hasta el deseo de morir. Fuerzas misteriosas y olvidadas surgen de su escondido encierro y el hombre, aun el más civilizado, se convierte en servidor de esas fuerzas elementales. La sangre recobra sus fueros y corre hacia la muerte, llevada por ella, irrefrenablemente. Pero no se cumpliría el total proceso histórico si sólo la sangre jugara su papel. La sangre corre hacia algo; hay una razón de la guerra, una razón de la muerte; tiene que haberla.”[5]
Esa irracionalidad que la guerra despierta en la condición humana debe partir de una razón, por ominosa que sea; por ello, porque tiene que haberla, Zambrano emprende esa “aventura escalofriante” que es buscar racionalmente el móvil, las causas de una guerra. Así se dedica a “penetrar en la realidad” de la historia cultural y literaria del pueblo español primero, luego de la historia y penetración del fascismo en España, así como de la relación entre el intelectual y el pueblo en el país.
Por ello, su más aclaradora expresión estará aquí:
Una guerra que será la más terrible demostración de la violencia inherente al hombre, ya que la guerra civil es la guerra menos digna que pueda realizar el hombre. Es aquella guerra que lleva a un pueblo a matarse a sí mismo, a perseguirse a sí mismo, es la guerra purgativa, “esa fuerza de la sangre que la lleva a derramarse, a morir, diríamos de un modo natural, porque la sangre es para la muerte.”[7]
Esa guerra civil que le hará escribir palabras tan dramáticas a María Zambrano, en el mes en que las fuerzas italo-alemanas bombardean la pequeña población civil de Guernika, abril de 1937:
A lo que responderá la propia Zambrano, defendiendo así la posición de Semprún: “No, esta guerra no es reversible, no ya por la diferencia de fines, sino por la situación humana de los beligerantes. Ellos se han alzado por el odio; el pueblo les opone resistencia por no entregarse a la más vil de las esclavitudes.”[9]
Pues las razones que han llevado a los españoles a enfrentarse a muerte son unos ideales, un asunto político: de una parte, los sublevados “nacionales”, que están en contra de las reformas sociales progresistas que la República ha llevado a cabo, y de otro lado, los que defienden el gobierno republicano pues consideran que los sublevados pueden traer a España el fascismo italiano y alemán que están viendo sucederse en aquellos países; aquél sistema de gobierno que invade todos los espacios sociales homogeneizando la sociedad, y coartando el pensamiento y voluntad de sus ciudadanos.
Los resultados de su búsqueda son esta conclusión a la que llega en cuanto a la reforma del entendimiento que el pueblo español no tuvo, a diferencia de los otros países de Europa, y que “tenía que hacerse en la sangre y por la sangre, en la vida”:
“Nuestro fracaso al no hacer una reforma, la reforma de pensamiento y de Estado que necesitábamos, hizo replegarse a nuestro más claro entendimiento a la novela y nuestro mejor modelo de hombre quedarse en ente de ficción. De ahí deriva la situación de cárcel y angustia en que cada vez nos hemos ido encontrando los españoles, en un espacio que se empequeñecía por momentos y en el que enloquecían nuestros ímpetus.”[10]
Una idea que Moreno Sanz explica en el prólogo ya citado: “…la primera expresión sobre una posible razón poética se halla en Los intelectuales, referida a Machado, en la reseña que Zambrano hizo sobre el libro de éste, La Guerra.” Y más adelante, la conclusión a la que llega: “lo que se encuentra en Los intelectuales… es la primera práctica del núcleo esencial de ese método.[…] Encontramos la afloración primera de los ejes básicos del método de Zambrano, en estricta relación con su pensamiento sobre el pueblo español. Filosofía trágica, política desde el envés de la idea, crítica cultural de Occidente y método, hallan su primera síntesis en el pensar sobre España.”[13]
María Zambrano y Luis Cernuda (a la derecha) en Alcolea del Tajo,
en una iniciativa de las Misiones Pedagógicas de la II República
Aquí es donde María Zambrano, pensadora y ensayista, destaca en su compromiso para con los que luchan en el frente. ¿Puede considerarse su labor de pensadora como el de una luchadora más? Si pensamos que la guerra no es solamente un enfrentamiento material, sino también espiritual, y sobretodo político, como avisaba Von Clausewitz[15], entonces veremos el sentido e importancia que los intelectuales adquieren en una guerra.
Para María Zambrano, una de las labores principales será primeramente la de buscar las razones de la irracionalidad que supone la guerra, como ya dijimos. Pero el cometido esencial del inteligente es el de dar la palabra a los acontecimientos políticos, a los hechos de la guerra; poner palabras a sus razones y a sus sinrazones, allí donde el pueblo pone su sangre. Esa, y no otra será la misión de la inteligencia en una guerra para María Zambrano:
“Se asesina hoy al pueblo español porque se intuye su magnífica potencia para renovar el mundo”. (65)
Según María Zambrano, el sentimiento de euforia del pueblo con la proclamación de la II República, en Abril de 1931, y la revolución asturiana y su terrible represión, Octubre de 1934, dieron el empuje necesario para que aparecieran las primeras voces de protesta, los primeros síntomas que mostraban que la atmósfera intelectual española estaba cambiando, y con las nuevas generaciones de intelectuales “iba apareciendo una voluntad de entender”, una necesidad de acercarse a la realidad y prestar atención a los acontecimientos que se iban sucediendo.
Y a partir de aquí surge una “inteligencia militante”, comprometida política y socialmente que, sin empuñar armas de fuego, posee el arma de la “razón militante”, la razón que como “Pala Atenea, diosa de la sabiduría en Grecia, se la vistió con casco, lanza y escudo. La razón nació armada, combatiente.”[18]
Una razón que se veía reflejada en publicaciones antifascistas como El Mono azul, Hora de España u organizaciones como “Cultura Popular” o “Juventudes Unificadas” a través de las cuales se podía acercar pensamiento y revolución, cultura y vida, inteligencia y realidad, intelectual y pueblo. Así afirma Zambrano:
ABELLÁN, José Luis. María Zambrano, una pensadora de nuestro tiempo. Anthropos,
Barcelona, 2006.
MORENO SANZ, Jesús. “De la razón armada a la razón misericordiosa” en Los
intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil de María
Zambrano, Madrid, Trotta, 1998, pp. 9-41.
.― (Ed.) La razón en la sombra. Antología de María Zambrano, Madrid, Siruela, 1993.
RAMÍREZ, Goretti. María Zambrano, crítica literaria. Devenir Ensayo, Madrid, 2004.
ZAMBRANO, María. Los intelectuales en el drama de España. Madrid,
Hispamerca,1977.
,― Los intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil.
Trotta, Madrid, 1998.
,― Delirio y Destino. Los veinte años de una española. Mondadori, Madrid, 1989.
,― Persona y Democracia. La historia sacrificial. Siruela, Madrid, 1996.
,― Pensamiento y poesía en la vida española. Endymion, Madrid, 1996.
,― Notas de un método. Mondadori, Madrid, 1989.
[1] M. Zambrano, Delirio y Destino. Los veinte años de una española. Mondadori, 1989, Madrid.
[2]Una paradoja que apunta Goretti Ramírez en su libro María Zambrano, crítica literaria. Devenir Ensayo, Madrid, 2004. En él hallamos esta definición de la obra en su conjunto de Zambrano que podemos aplicar a la obra que aquí analizamos: “La obra de Maria Zambrano forma una estructura fractal, de líneas erráticas y difusas. Paradójicamente, forma al mismo tiempo una estructura de gran coherencia interna, donde líneas de aparente divergencia se entrelazan sin contradicción alguna.” P. 15
[3] M. Zambrano. Los intelectuales en el drama de España. Hispamerca, 1977: Madrid. P. 98
(Todas las citas serán de esta edición, salvo cuando se indique lo contrario)
[4] Ibíd. P. 73
[5]Ibíd. P. 23. (La cursiva es mía)
[6] Ibíd. P. 22.
[7] Ibíd., p. 22. Además, tiene que ver este enfrentamiento consigo mismo con su pasado: “para un francés no es problemático su pasado; no tiene ese sentido del enigma mudo, lejano, como una cultura que ya se acabó, que sigue fluyendo por su entre presente. […] Pero entre nosotros el tiempo se había trastocado. Y es ahora, en esta lucha a muerte del pueblo español contra su pasado de pesadilla […] es ahora cuando vamos a encontrarnos de verdad con el pasado y cuando la tradición brota de nuevo y se reencarna en el hoy. […] Hoy el español muere para vivir, para recuperar su historia que le falsificaron convirtiéndola en alucinante laberinto. Muere por romper el laberinto de espejos, la galería de fantasmas en que habían querido encerrarle, y recuperarse a sí mismo, a su razón de ser.” Pp. 98-99
[8] Ibíd., p. 99.
[9] Ibíd. P. 72
[10] Ibíd., p. 112.
[11]Ibíd. P. 79.
[12]Citado por Jose Luis Abellán, en María Zambrano, una pensadora de nuestro tiempo. Anthropos, Barcelona, 2006. P. 41.
[13] Jesus Moreno Sanz, Prólogo a Los intelectuales en el drama de España y escritos de la guerra civil, de Maria Zambrano. Trotta, Madrid, 1998. P. 15
[14] Jesús Moreno Sanz, Ibíd., p. 20.
[15] Recordemos sus palabras: “La guerra de una comunidad [...] surge siempre de una circunstancia política, y se pone de manifiesto por un motivo político. Por lo tanto, es un acto político.” En Carl von Clausewitz, De la guerra. Labor, Barcelona, 1984, Pp. 37-61.
[16] Íbid., p.24
[17] Un término de suma importancia, que aparece en el prólogo que escribe Zambrano a esta obra en 1977, titulado La experiencia de la historia (después de entonces): “Y así el llamado intelectual, con cuanta fácil ironía y tosca burla a menudo señalado, no viene a ser otra cosa que aquel que da su palabra, el que dice y da nombre o figura a lo visto y sentido, a lo padecido y callado, el que rompe la mudez del mundo compareciendo por el solo hecho de haber nombrado las cosas por su nombre, con el riesgo cruel de no acertar con la palabra justa y el tono exacto en el momento exigido por la historia.” P. 19
[18]Íbid., p. 51
[19] Íbid., p. 54
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