
15/12/2005
Cette idole, yeux noirs et crin jaune, sans parents ni cour, plus noble que la fable, mexicaine et flamande; son domaine, azur et verdure insolents, court sur des plages nommées, par des vagues sans vaisseaux, de noms férocement grecs, slaves, celtiques.
ENFANCE, Illuminations, Arthur Rimbaud
El arte parece ser el empeño por descifrar o perseguir la huella dejada por una forma perdida de existencia.
María Zambrano
Introducción
Puede decirse sin miedo a equivocarse que Roberto Bolaño bebe en gran medida de sus antecesores nada más que por el hecho de haber venido antes ellos que él en el espacio tiempo, pero siendo justamente ese acto de bebida el que me interesa, se diría incluso que Bolaño se emborracha de estos dos autores, verdaderos satélites alrededor de los cuales gira el cuento latinoamericano en la literatura del siglo XX. Porque aunque Los detectives salvajes parte desde y hacia el cuento, en y por el cuento, nace de él y muere en él, bien mirado estamos ante una novela puesto que si bien se trata de un dietario o diario de memorias del poeta Juan García Madero (I. Méxicanos perdidos en México (1975) y II. Los desiertos de Sonora (1976)) atravesado o partido por una sucesión de cuentos o dialogos en forma de soliloquio o de monólogo con interlocutor fantasma de multiples y dispares voces de personajes (II. Los detectives salvajes) hay un hilo que une la polifonía: los personajes. Es ciertamente una materia a la que debemos considerar Novela -como bien se le podría haber llamado nivola, como se llamó novela a Rayuela- materia que encuentra su conjointure, según el concepto del precursor de la novela moderna Chrétien de Troyes, en los personajes y en su trágico o heroico transcurso-decurso.
Realizaré por tanto un ensayo de comparación y analogía entre estos tres escritores a través de la radiografía de esas tres obras; Decir que estoy en deuda permanente con la obra de Borges y Cortázar es una obviedad. Así presenta Bolaño su novela Los detectives salvajes a la hora de recibir el premio Rómulo Gallegos en 1999. Aprovecharemos pues esta obviedad comparando un relato de cada autor con la novela del chileno, considerando El perseguidor y El sur claves en las obras de cada uno de los autores, comparación que ayudará a rastrear las coordenadas literarias de aquellos a partir de Los detectives… y a la inversa.
Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,
y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…
Juan L. Ortiz, Entre Ríos, 1958
García Madero, Ulises Lima y Arturo Belano, protagonistas de Los detectives salvajes, persiguen a Cesárea Tinajero en un viaje que durará 20 años. Pero ¿quién es Tinajero? Se nos dice que es la fundadora mítica del grupo poético viscerealista desaparecida; estos van en su búsqueda sin saber muy bien porqué ni para qué, un poco para encontrar el origen, un poco para emprender una empresa y lanzarse al camino, (¿por qué sale Don Quijote de su casa?):
La música me sacaba del tiempo, aunque no es más que una manera de decirlo. Si quieres saber lo que realmente siento, yo creo que la música me metía en el tiempo. (Pág. 316)[3]
El viaje persecutorio es también un meterse en el tiempo, y a la vez un salirse de él; es errancia en el camino que emprenden el mexicano y el chileno, como el metro para Johnny. La poesía como forma de vida: vagabundaje, miseria, provocación, ebriedad; el mismo Ulises Lima pasea por las calles de México DF durante días seguidos, no se sabe en busca de qué. Acaso para buscar más droga para vender, acaso por el simple hecho de conocer la ciudad, de vivir la cuidad, de ser la ciudad a fin de cuentas.
A veces ellos desaparecían, pero nunca por más de dos o tres días. Cuando les preguntabas adónde iban, contestaban que a buscar provisiones. Eso era todo, acerca de eso nunca hablaban de más. Por supuesto, algunos, los más cercanos, sabíamos, sino a dónde iban sí qué era lo que hacían durante esos días. A algunos les daba igual. A otros les parecía mal, decían que era un comportamiento lumpen. El lumpenismo: enfermedad infantil del intelectual. (Pág. 181)
… la novela intenta reflejar una cierta derrota generacional y también la felicidad de una generación, felicidad que en ocasiones fue el valor y los limites del valor.[4]
Porque al fin emprenden un viaje de vuelta y de ida hacia la muerte, de vuelta hacia la muerte anterior, hacia la nada eterna, después del viaje ulisíaco de la misma manera que Johnny emprende cada día el metro hacía la nada eterna que es la música, y cada día, vuelve a empezar:
Las huellas parecen coincidir si se miran bajo una lupa adecuada: personajes semejantes en la novela de Bolaño y el cuento largo de Cortázar, por la sencilla razón que en ambas hay una intención de retratar al creador moderno, al artista del siglo XX, un desesperado que no halla equilibrio entre su obra y su vida, entre su tiempo y el de su obra, un derrotado, aunque héroe: el superhombre o artista de genio, ese ser despreciable necesario, al que hay que saber girar en torno a él sin perder la distancia, como un buen satélite. Porque como Johnny, el músico norteamericano, el perseguidor de sonidos en el tiempo, “un ángel entre los hombres, un hombre entre los ángeles, una realidad entre las irrealidades que somos nosotros”, estos poetas latinoamericanos son fantasmas:
no es necesario ser mujer para sentirse atraído por Johnny; lo dificil es girar en torno a él sin perder la distancia, como un buen satélite, como un buen crítico. (Pág 342)
En suma, la épica de la derrota, la épica de la generación resumida perfectamente en una frase del Discurso de Caracas de Bolaño: el sueño de los valientes que murieron por una quimera de mierda[12]. Como todo sueño, una experiencia trágica; como todo sueño, una narración, como toda literatura, un sueño dirigido según Borges. El sueño de los valientes, o sea los jóvenes poetas o muchachos desnudos bajo un arco iris de fuego; como todo sueño, una épica de la tragicomedia, la del gaucho ‘insufrible’ que sale a la llanura con la aceptación de que lo van a matar de antemano, los valientes como Dahlman, que murieron por una quimera de mierda:
…y es que el escritor no ha de ponerse a sí mismo,
aunque sea de sí de donde saque lo que escribe.
Sacar algo de sí mismo es todo lo contrario de ponerse a sí mismo.
Maria Zambrano, Porqué se escribe
De la literatura del escritor chileno puede decirse que está atravesada por su vivir, y con seguridad puede decirse también que su vivir está atravesado por la literatura. Se trata de lo que un infrarealista ha llamado la vida-obra de Bolaño, puesto que el personaje Arturo Belano no solo aparece en Los detectives salvajes, sino que reaparece en casi todas las narraciones cortas o novelas del chileno como Putas asesinas, Llamadas telefónicas, o 2666. Pero al fin, ¿qué escritor no saca de sí mismo lo que escribe?, ¿Hay acaso algún personaje de literatura que no tenga nada que ver con su autor? Si bien es cierto que la literatura vive de sus autores, hay que reconocer que en Bolaño y en Borges se acentúan lo que Zambrano ha llamado la “vida novelesca” o “vivir literario”. En la aclaradora afirmación de Juan Villoro encontramos una definición satisfactoria de la narrativa de Bolaño: Bolaño atesoró una patria memoriosa hasta convertirla en atributo de su imaginación, con lo que consiguió, dice Villoro, una descolocada veracidad de la ficción.[15]
Una memoria que es atributo de la imaginación: podría adjudicársele esa definición perfectamente a Borges, para quien el recuerdo es origen y fin de toda su narrativa de ficción; como podemos comprobarlo en “El Sur”, en donde la construcción de la ficción parte de un hecho real, o mejor aún, de un recuerdo de un hecho real que le sucedió al que lo escribe, como nos lo explica el propio Borges:[16]
Si hay un elemento distintivo en la producción del autor, son las referencias autobiográficas. Sus alter ego Arturo Belano o B. se repiten incesantemente en sus relatos, así como también escenarios y situaciones en los que alguna vez deambuló. Ese yo biográfico lo veo desde alguien que busca hacer una presencia y señalar la fractura de esa misma presencia. Bolaño está ahí, pero a la vez no está. Es decir, se trata de un yo totalmente fragmentado, que se contradice de una u otra manera.[19]
¿No será ese acaso todo fin del alter ego en la literatura, el de señalar una fractura de una identidad, ese estar y no estar al mismo tiempo, ese soy yo pero no soy yo?
Una metaficción tendiente a evidenciar el remontaje del realismo. Es un estar en un real textualizado, lo cual permite la disolución de los contornos entre ambas zonas.
¿Qué pasa cuando se diluyen los contornos? O dicho de otra manera, ¿qué pasa cuando literatura y vida se confunden? Más aún, ¿qué pasa cuando la vida pasa a formar parte de la literatura y la literatura pasa a formar parte de la vida?: Bolaño reconoce en una entrevista que “la literatura siempre vive a través de uno. Del escritor o del lector: llegado a un cierto punto de ebullición, ambas figuras se confunden”. Por lo que se deduce que leer y escribir es un espejo que nos devuelve nuestra imagen. ¿Cómo llegar a estar seguros de cuál es el original? Del mismo modo, ¿Cual de los dos mundos es más real?
Por otra parte, el desdoblamiento que encontramos en estas dos obras que aquí trato de comparar, se dan por un mecanismo de diferencia entre lo que pasó y lo que podría haber pasado, diferencia entre el recuerdo de la realidad y la realidad real, valga la redundancia. Diferencia pues entre pasado y pasado recordado, con lo que tenemos que el recuerdo es el mayor detonante de la imaginación. Tanto en la obra de Borges como en la de Bolaño, se transfigura la realidad vivida para hacerla ficción y poder tratar de explicar la realidad misma. Se cumple entonces lo que el sabio Goethe convertía en máxima: “el arte es el medio más seguro de aislarse del mundo así como de penetrar en él”.
Ese es el desdoblamiento del que he tratado de hablar aquí, una manera de estar y no estar, de penetrar y de aislarse, lo que consiguen estos autores; desdoblarse en otra persona, mecanismo que se da tanto en el lector como en el escritor de todos los tiempos, pero más concretamente en el hombre de nuestro siglo, como bien ha visto María Zambrano:
¿Cómo funciona la literatura cuando la sometemos a agitación y a crítica, cuando bajo la máscara de críticos nos disponemos a disecarla y a tratar de descifrarla?, como denunciaba Bécquer:
Después de aquella tan gratificante primera lectura, en el análisis de una obra aparece lo que todo buen creador debe dejar escondido. Pero es que en realidad gozamos en disecar a los grandes autores porque disfrutarlos no nos basta para entenderlos, sino que es preciso asestarles nuestra visión, nuestra crítica, nuestro jucio, a fin de cuentas. A este aspecto dice Vicente Huidobro:
Como hemos podido ver existen puntos en común entre estos tres autores, que han funcionado como una valorización de la literatura del último, Roberto Bolaño, a través de su obra Los detectives salvajes. Las huellas de los personajes de la magna novela premiada con el Rómulo Gallegos parecen coincidir con las pisadas del Jonny Carter de El perseguidor; en cuanto a El sur, hemos visto que el mecanismo del personaje alter ego opera de la misma manera que en Los detectives…, como opera en verdad en casi toda la literatura. Los personajes que creamos al escribir una ficción funcionan así: son nosotros mismos pero a la vez no lo son, están inspirados en el carácter de su creador, pero a la vez están reflejados en el recuerdo de su creador que mayoritariamente es una invención, o sea, una deformación del pasado, una alteración de la realidad. ¿Qué hay en los recuerdos de ficción y qué de realidad? La respuesta está en los libros.
We dream -- it is good we are dreaming --
It would hurt us -- were we awake --
But since it is playing -- kill us,
And we are playing -- shriek --
What harm? Men die -- externally --
It is a truth -- of Blood --
But we -- are dying in Drama --
And Drama -- is never dead --
Cautious -- We jar each other --
And either -- open the eyes --
Lest the Phantasm -- prove the Mistake --
And the livid Surprise
Cool us to Shafts of Granite --
With just an Age -- and Name --
And perhaps a phrase in Egyptian --
It's prudenter -- to dream --
Emily Dickinson
[1] Roberto Bolaño. Los detectives salvajes. Anagrama, Barcelona, 1997. Cito esta edición con el número de página.
[2] Comenta Ignacio Echevarría: “El DF es el campo de batalla donde se decidió la derrota contra el tiempo de una generación entera –la de Bolaño mismo- de jovenes malogrados, la mayoría poetas, todos olvidados.” En La escritura como tauromaquia. Celina Manzoni (compiladora), Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2002.
[3] Julio Cortázar, El perseguidor, en Obras Completas, Galaxia Gutemberg y Circulo de Lectores, Barcelona, 2003. Cito esta edición con el número de página.
[4] En Acerca de “Los detectives salvajes” publicado en Roberto Bolaño, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004. Pág. 327
[5] Pág. 177
[6] Pág. 142
[7] Pág. 190
[8] Roberto Bolaño, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2003. Pág 323.
[9] Miguel Garrido Muñoz, Tocata y fuga en la noche. Auge y caída de un mito americano, en Cuadernos de Jazz nº 87 , marzo-abril 2005.
[10] Op. Cit. Pág. 339
[11] Op Cit. Pág. 38
[12] Op. Cit. Pág. 38
[13] Jorge Luis Borges, El sur, en Prosa completa, Volumen 1, Ed. Bruguera, Barcelona, 1980.
[14] Op. Cit. Pág. 36
[15] En “La escritura como tauromaquia”.
[16] En: Emir Rodríguez Monegal, Borges, una biografía literaria, FCE, México, 1993. Pág. 291.
[17] “Roberto Bolaño dejó México en 1977. Antes lo habían hecho Mario Santiago, Bruno Montané y Juan Harrington, quien habría inspirado a Juan García Madero, protagonista de Los Detectives Salvajes. Los infrarrealistas se tomaron en serio el asunto de dejarlo todo y lanzarse a los caminos y el paradero de cada uno se volvió difuso. Santiago partió a Israel, Bolaño anduvo por África, Francia y finalmente recaló en Cataluña. Otros tantos permanecieron en México, pero todos, salvo Bolaño, volvieron alguna vez. Repartidos cada cual a su suerte desempeñaron todo tipo de oficios. Bolaño trabajó de vigilante de camping, lavaplatos, camarero, descargador de barcos, basurero y recepcionista. Las cartas, como era de esperar, se volvieron vitales: “-Querido Juan, de Mario sin noticias últimas. Bruno estuvo viviendo con él hace cosa de un mes. Yo viví con él hace dos meses. Conoce París como si fuera la Colonia Portales. Es amigo de los poetas jóvenes de París. Según Bruno, Mario asola los mercados Potin. Iba a sacar una revista con gente chilena y peruana y francesa. La revista sería bilingüe. No sé qué habrá pasado.” En El pasado infrarealista de Bolaño, por Matías Sánchez
[18] Op. Cit. Pág. 122
[19] Álvaro Bisama en Roberto Bolaño: un modelo para armar. Patricia Espinosa (compiladora) de pronta aparición.
[20] Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Capítulo I, Primera parte. RBA editores, Barcelona, 1994.



