JEAN BAUDRILLARD, Barcelona, Caixa Forum, El espíritu del tiempo: geo-
grafías del pensamiento contemporáneo, dirigido por Domènec Font, 2004.
EL DESIERTO DE LO QUE ES REAL: SIMULACROS Y SIMULACIÓN
JEAN BAUDRILLARD
Estamos en una especie de verdad fractal, el espacio entre lo verdadero y lo falso ya no es un espacio de relación, sino un espacio de distribución aleatoria. Podríamos decir lo mismo entre el espacio entre el bien y el mal, entre lo feo y lo bello, igual que entre la causa y el efecto.
… el principio de incertitud esta en el corazón mismo de la vida sexual como de todos los sistemas de valores. Este principio surgido del interior de las ciencias y de la distinción del sujeto y del objeto, se ha propagado por todas partes, aboliendo la distinción entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso. Es nuestro pecado original, exactamente al revés del otro, aquél de Adán y Eva, que relevaba del conocimiento del bien y del mal. Nuestra maldición viene de la imposibilidad de distinguir el bien y el mal o la verdad y la mentira; nuestros ancestros habían caído en la angustia moral de distinción, nosotros hemos caído en el pánico inmoral de la indistinción. Y nuestra entrada en la era del virus por confusión de los sistemas de valor hace eco de muy lejos de la expulsión de nuestros ancestros del paraíso de lo real.
Estamos regidos por un principio de incertidumbre… pero una incertidumbre que ya no es la de la precariedad, de la fragilidad objetiva de las condiciones de existencia, sino una incertidumbre radical y paradójica, que resulta al hilo de la mundialización en un exceso de todo: de disponibilidad, de información, de interacción e interconexión… es el resultado del intercambio generalizado, que es también aquél de una realidad integral, de un mundo de totalización virtual al mismo tiempo que de desregulación total. Y cuando hablo de desregulación, no hablo de aquella liberal de los mercados y de los flujos de capitales, sino de aquella simbólica que es la perdida de la regla fundamental. Ahora bien, la regla fundamental es la de la dualidad, de la alteridad y de la distancia. Y es esta la que está por todas partes en vías de eliminación en una confusión y una promiscuidad generalizadas. Hemos devorado no solo la distancia geográfica, no solo la distancia temporal, sino que hemos devorado también la distancia mental que nos separaba de nuestra propia imagen y hasta la distancia metafísica que nos separaba de la verdad y de la realidad. Hemos devorado nuestra propia imagen, nuestra propia verdad y nuestra propia realidad… habiéndola devorado, estamos pues en una situación de realidad integrada, de realidad integral, sin distancias y por tanto, sin transparencias, en una promiscuidad total con nosotros mismos.
Aquello que hoy en día llamamos individuo, aquel que no se divide, es resultado de esta colisión, de este collage con él mismo, que hace que disponga integralmente de él mismo y de sus múltiples; el hecho de que cada uno se piense hoy como individuo es ya una desregulación fantástica.
Promiscuidad, inmersión, confusión, devoración… con Internet la gente se sumerge en su propio cerebro. De hecho, lo devoran, lo digieren, y la operación mental resulta una operación integral. Es la vida de héroe, la pantalla interactiva, multimedia, Internet, la realidad virtual… allí donde todo estaba separado se confunde, por todas partes se ha abolido la distancia: entre los sexos, entre los polos opuestos, entre la escena y la sala, entre los protagonistas de la acción, entre el sujeto y el objeto, entre lo real y su doble. Y esta confusión de términos, esta colisión de polos es la causa de que no haya juicio de valores posible en ningún sitio, ni en el arte, ni en la moral, ni en la política, ya que la abolición de la distancia, a causa de la distancia, todo resulta indecisible.
La extrema proximidad entre el suceso y su difusión en tiempo real crea una indecisión y una virtualidad de los sucesos, que despoja su dimensión histórica y lo sustrae a la memoria. Asistimos al reality show, asistimos al relato en directo, al acting televisivo inmediato, a la confusión de la existencia y de su doble, ya no hay más separación, no más vacío, no más ausencia, entramos en la pantalla, en la imagen virtual… entramos en nuestra vida misma como en una pantalla, enfilamos nuestra propia vida como una combinación digital.
A diferencia de la fotografía, del cine y de la pintura donde hay una escena y una mirada -no siempre, de hecho-, la imagen de video como la pantalla de la computadora, inducen un tipo de inmersión, de relación umbilical, de interacción activa, inmersión celular, corpuscular; entramos en la sustancia vacía de la imagen para eventualmente modificarla. De la misma manera que la ciencia se infiltra en los genomas, en el código genético, para transformar el cuerpo mismo. Nos movemos como queremos, hacemos lo que queremos con la imagen interactiva, pero la inmersión es el precio de esta disponibilidad…
Solo en la separación estricta de la escena y de la sala el espectador es un actor de partes enteras… sin embargo todo conduce hoy a la abolición de esta cultura; inmersión del espectador en el espectáculo: el “living theatre”, el espectáculo resulta interactivo, ¿es el apogeo o el fin del espectáculo? Cuando todos devienen actores no hay más acción, no hay más escena, es la muerte del espectador como tal, y el fin de la ilusión.
Otras formas de implosión: lo que llamamos retour-image (retorno-imagen). La realidad integral es aquella en la que todo funciona en circuito integrado, por tanto todo puede producirse con su inmediato retorno-imagen. Ya no hacemos nada sin vernos mientras lo hacemos, incluso la ironía forma parte del mecanismo, es una promiscuidad inmediata de la pantalla controlada en nuestra cabeza. De nuevo, no es una representación, es una circunvalación de las cosas que funcionan doble…
Este proceso afecta muy generalmente el universo mediático, aunque también la vida política e intelectual, la vida cotidiana e individual; nuestros gestos y nuestros pensamientos, esa refracción automática afecta hasta nuestra percepción del mundo, la más naïf y la más natural. En cierta manera, el retorno-imagen lo arrastra todo por una puesta a punto sobre sí misma, por una simulación automática de aquella, es como el virus de nuestra posmodernidad. El retorno-imagen cortocircuita la representación, doblando, de alguna modo, las cosas… recubriendo la pelambre de su puesta en escena, fenómeno particularmente sensible en el universo fotográfico, donde los seres y las cosas se apoyan inmediatamente en un contexto, de una cultura, de un sentido, de una idea incluso, desarmando toda visión y creando una forma de ceguera que denuncia Rafael Sánchez, que dice: “existe una forma terrible de titubearse, aquella que permite mirar y ver, pero no ver de una vez, sin mirar…” Así eran las cosas antes, no las mirábamos, nos contentábamos con verlas; hoy todo encierra una duplicidad, ninguna impulsión es directa, de esta manera el campo se ha convertido en paisaje, o sea, representación de sí mismo. En este sentido, es nuestra percepción misma, nuestra sensibilidad inmediata se han vuelto estéticas: la vista, el oído, el tacto, todos nuestros sentidos son ahora estéticos ─en el peor de los sentidos. Toda nueva visión de las cosas sólo puede resultar de una desconstrucción (destrucción) de este retorno-imagen… una nueva forma abierta de alienación y de juego con él… el espejo, la mirada, la escena, abrían precisamente sobre toda una cultura de la metáfora.
Las maquinas, ellas, solo producen máquinas; esto es cada vez más verdadero, a medida del perfeccionamiento de lo tecnológico virtual, ya no hay más distinción hombre-máquina. La maquina está de los dos lados de la interficie. Quizás el hombre se convierte en la realidad virtual de la máquina, su operador reflejo. Esto conlleva la esencia misma de la pantalla, ya no hay más allá de la pantalla como ya no hay más allá del espejo, pero la dimensión del tiempo nos lleva al tiempo real, y la característica de cualquier superficie virtual siendo de entrada estar ahí vacío, es pues susceptible de ser rellenado por cualquier cosa, nos toca a nosotros entrar en tiempo real, en interactividad con el vacío.
Las máquinas solo producen máquinas: los textos, imágenes, films, discursos, programas, nacidos del ordenador… son productos maquinales y tienen sus características. Películas por ejemplo, repletas de efectos especiales, textos atiborrados de longitud, de redundancia, debido a la voluntad maligna de la máquina de funcionar a doble, es su pasión, y la fascinación del operador por sus posibilidades de funcionar. De ahí el efecto fastidioso de toda esta violencia y de esta sexualidad pornografiada, que no son más que efectos especiales de violencia y de sexo, incluso fantaseados por los humanos, pura violencia maquinistica que no nos incumbe.
De ahí todos eso textos que son como la obra de agentes virtuales inteligentes, cuyo único gesto es el de la programación, el resto desarrollándose según los criterios de un otro. Nada que ver con la escritura automática de los surrealistas que jugaba con el telescopage mágico de las palabras y de los conceptos, porque se trata aquí de la declinación automática de todas las posibilidades. Es lo que se llama la cibernética: podemos hacer el pedido de la imagen, el texto, el cuerpo, del interior, jugando en cierta manera, con los códigos y las identidades genéticas.
De la misma forma, tal vez el fantasma de performance ideal del texto y de la imagen -esa posibilidad de corregir mientras tanto-, provoca en el operador ese vértigo de interactividad con su propia opción escogida. De hecho, es la máquina virtual que os habla, es ella quien os piensa. ¿Existe verdaderamente en el ciberespacio la posibilidad de descubrir realmente algo? Internet no hace sino simular un espacio mental de libertad y de descubrimiento. De hecho, no ofrece más que un espacio demultiplicado pero convencional donde el operador interactúa.
A diferencia del ordenador, la máquina de escribir, es un objeto perfectamente exterior, la página flota al aire libre y yo tengo una relación física con la escritura, yo toco con los ojos la página en blanco, la página escrita, cosa que no puedo hacer con la pantalla… el ordenador es una verdadera prótesis, tengo una relación táctil e intersensorial, soy yo mismo un ectoplasma de la pantalla; de ahí, sin duda, esa incubación de la imagen virtual y del cerebro, innombrables fallos que afectan los ordenadores y que son como los lapsus de tu propio cuerpo. No obstante, el hecho de que la prioridad sea la de las redes y no la de los individuos, implica la posibilidad de disimularse, de desaparecer en el espacio impalpable de lo virtual y no hallarse en ninguna parte, lo que resuelve todos los problemas de identidad, por no hablar de los problemas de alteridad. Es así que la fracción de todas estas máquinas virtuales viene sin duda menos de la sed de dar y de información, que de la posibilidad de disolverse en una convivialidad fantasma, forma aplanante de felicidad, nos da todo, pero, sutilmente, nos deroga todo al mismo tiempo. El sujeto está de alguna manera perfectamente realizado, se convierte automáticamente en objeto, resulta idéntico a él y eso, es el pánico… colisión de todos los espacios, de todas las temporalidades, de todas las identidades en el universo virtual… es como en los sueños, no más negativo, no más distancia de lo negativo, todo es posible al mismo tiempo, nada es opuesto, todo es yuxtapuesto. Y eso, es la negación del tiempo, porque el tiempo es lo que hace que no sea posible todo al mismo tiempo. Es también, por la misma razón, la negación del lenguaje, ya que el lenguaje es justamente aquello que hace que no pueda ser dicho todo al mismo tiempo.
Con la informática y el digital esa función simbólica (de la articulación simbólica del lenguaje, ya que el lenguaje es normalmente más de lo que significa) ha acabado. Todo lo que hay en él de ausencia, de vacío y al mismo tiempo, de literalidad, ha sido eliminado con la alternancia digital del 0-1, de la misma manera que el negativo en la imagen de síntesis. Tan solo queda la puesta a punto exclusiva del lenguaje sobre todo lo que significa y esto, es la realidad integral del lenguaje, dicho de otra manera, es la realidad virtual. El 0-1 digital es también la muerte del signo, puesto que el lenguaje integral no está tampoco hecho de signos, el signo y la representación han desaparecido. Ahora bien, es cuando el intercambio del signo y de la realidad resulta imposible que esta resulta insignificante, resulta exponencial y prolifera hacia el infinito.
Se dice normalmente que lo real ha sucumbido a la hegemonía del signo, de las imágenes, del simulacro, e incluso que la realidad ha sucumbido al artificio: es el análisis que está detrás de la teoría de la “sociedad del espectáculo” de Debord. Hay que darle la vuelta a este análisis hoy en día, y decir exactamente lo inverso; hemos perdido el signo y el artificio al provecho de lo real absoluto. Hemos perdido a la vez, el espectáculo, la alienación, la distancia, la abstracción… todo lo que nos separaba aún del advenimiento de una realidad integral, una realización del mundo inmediata y sin llamada. Desaparición de un simulacro en tiempo real que caracteriza un estado ulterior de la simulación, aquél de un más real que lo real, de un hiperral.
Asimismo, ¿qué es lo que hace posible el intercambio del lenguaje sino la transformación perfecta del signo? Todo esto es lo que ha sido liquidado, pulverizado. El valor, como el signo, se han visto afectados por la misma desregulación vertiginosa. El signo, y no lo real, y, a través de este, todo el universo de la significación y de la comunicación, ha sufrido la misma desregulación que la de los mercados. El espejo de los signos está fracturado, la fase del espejo superada, estamos en la fase de la pantalla, y no volvemos del otro lado de la pantalla.
Esta realidad perfecta a la cual certificamos toda ilusión es evidentemente una realidad fantasma; obviamente es de otro mundo y en el detector de mentiras, si pudiéramos someterla, la realidad como la verdad afirmaría que no se lo cree. Es como la muerte de un fantasma; la realidad ha desaparecido pero la sufrimos como si aún existiera. De este modo, como dijo el protagonista de Moby Dick, si yo siento los dolores de mi pierna aunque no exista, ¿qué es lo que te asegura que no la sufrirás del mismo modo cuando estés muerto? Este sacrificio no tiene pues nada de metafórico, ya que se sustenta más bien en la operación quirúrgica, que arrastra además, un tipo de complacencia. Benjamín dice: “la humanidad que anteriormente había sido objeto de contento para los dioses Olímpicos, lo es ahora para sí misma”… Su alienación de sí misma, para sí misma, ha llegado a un grado que le hace vivir su propia destrucción como una sensación estética de primer orden. Contra este mundo, convertido todo él operacional, objetivo y sin alternativas, se desarrolla la negación de realidad: si el mundo se toma en bloque, se rechaza pues, en bloque, y no hay más solución. Es un rechazo parecido al rechazo frente a un extranjero, es como un instinto, una reacción vital con la que nos rebelamos contra esta inmersión en un mundo completo y definido, en el “reino de los ojos”, entre comillas, donde la vida se sacrifica por la hiperrealización de todas sus posibilidades, en su performance máxima, un poco como la especie de hoy sacrificada a la perfección genética… nuestra aprehensión negativa resulta de nuestra hipersensibilidad frente a las condiciones ideales de vida que nos son dadas.
No obstante, hay que proporcionar su verdadero significado, creo yo, a la revolución virtual, es la misma peripecia que con la revolución del médium, donde hemos pasado junto a la verdadera mutación mediática, reduciendo el medio a una simple técnica instrumental. Entonces, ¿estamos en pleno realismo tecnológico, sociológico, político, ideológico, de lo virtual?... se habla del “modo de empleo de lo virtual”, del “buen uso de lo virtual”, de una “política de lo virtual”, se habla de la “democracia virtual”… es decir, pasamos todas las categorías tradicionales a través de lo virtual, sin cambiar nada de su definición ni de su principio de base. Esto es lo que podemos llamar realismo, todos los postulados se revisan y se corrigen en función de lo virtual, sin ser releídos en absoluto como causa a partir de lo virtual. Igualmente la especificidad de lo virtual es acaecer en lo real, contra lo real, y de restituir como causa todas las categorías de lo real, de lo social, de lo político, de lo histórico… de manera que no hay más acontecimientos de todo aquello sino virtuales. Del mismo modo que no hay más política virtual, y no política de lo virtual, no más historia virtual en lugar historia de lo virtual, no más técnica virtual, en vez de técnica de lo virtual, no más economía virtual, en fin, que no hay más catástrofes al límite sino virtuales.
Reinterpretar lo virtual a través de todas estas categorías que lo liquidan, es casi el mismo contrasentido que reinterpretar la ciencia en términos de la teología -como se ha hecho durante siglos para no ver que la ciencia no era una teología- o reinterpretar los medias en términos político-marxistas, para no ver que el desarrollo de la historia ha finalizado con la entrada en escena de la información, que la realidad ha acabado con la entrada en escena de lo virtual… pero que ha acabado también la realidad de lo virtual. Es una paradoja, lo virtual niega su propia realidad al mismo tiempo que la de todo el resto y se ve envuelta en un juego del cual no tiene la regla -nadie, de hecho, la tiene-. Es como en el juego de piedra, papel y tijera, siempre el triunfo de uno sobre otro en un especie de espiral infinita… no hay pues fase superior de la inteligencia y no es, en absoluto, la de la inteligencia artificial.
Finalmente, para volver al tema de la alienación, quizás haya que plantearse todos estos problemas en otros términos que en los de alienación y destino desgraciado del sujeto. En el fondo, es esta empresa de lo virtual que nos ha metido; estamos en plena patafísica, diría yo, es decir de todo lo que ha sobrepasado este propio límite, de todo lo que ha sobrepasado las leyes de la física y de la metafísica. Por lo demás, la metafísica es irónica, y la hipótesis que se puede hacer de todo esto, al mismo tiempo en que las cosas han llegado a un período paroxístico, es que han llegado también a un período paródico. Quizás podamos avanzar la hipótesis de que más allá del estado crítico, del estado heroico de la filosofía, que es también el de la metafísica, hay un estado irónico de la técnica, un estado irónico de la historia, un estado irónico de los valores… esto nos liberaría al fin de la visión heideggeriana de la técnica como efectuación y estado ultimo de la metafísica, esto nos liberaría de toda nostalgia retrospectiva del ser, para provecho de una gigantesca ironía objetiva de todo este proceso, no muy lejos del esnobismo radical y post-histórico.
A pesar de que Jean Baudrillard se comportó como un verdadero monstruo, casi como una máquina a las que tan duramente critica, la conferencia fue interesante, más bien por el tema que no por la forma en que este personaje frío, cabizbajo e inhumano realizó el simposium, casi sin mirar a nadie, sin dirigirse a nadie. Digo que a pesar de esto, el piratilla aquí presente se dedicó a grabar ilegalmente la conferencia, transcribirla y traducirla del francés para goce de gentes dispuestas a oír críticas a uno mismo y a su forma de vida. Tal vez no haya que tomarse las afirmaciones de Baudrillard al pie de la letra (en esta conferencia en particular) por ser un tanto apocalípticas algunas veces, pero sí leerlo un poquitillo para saber y concienciarse de los peligros de la tecnificación. Os recomiendo que leáis-ojeéis su libro La ilusión del fin. (Anagrama) (podréis encontrarlo en bibliotecas, me imagino).
Le principe d’incertitude est au coeur même de la vie sexuelle comme de tous les systèmes de valeur. Ce principe venu du font des sciences et de la distinction de l’objet et du sujet s’est propagé partout en abolissant la distinction du bien et du mal, du vrai et du faux. C’est notre péché originel à nous, exactement inverse de l’autre, celui d’Aden et d’Eve qui relevait de la connaissance du bien et du mal. Nôtre malédiction à nous, viens de l’impossibilité de distinguer le bien et le mal ou le vrai et le faux; nos ancêtres étaient tombés dans l’angoisse morale de distinction, nous, nous sommes tombé dans la panique immorale de l’indistinction.
En effet, avec cette perde d’immunité, avec cette profusion et cette dissémination fractales de la valeur, toutes les infections mortelles, tous les virus sont dormis dans les cellules
Mais, une incertitude qui n’est plus celle de la précarité, de la fragilité objective des conditions d’existence, mais une incertitude radical et paradoxal: qui résulte au fil de la mondialisation dans un excès de tout: de disponibilité, d’information, d’interaction et d’interconnexion, c’est le produit de l’échange généralisé, qui est aussi celui d’une réalité intégrale, d’un monde en voie de totalisation virtuelle, en même temps que de dérégulation totale. Et quand je parle de dérégulation, je ne parle pas de celle libérale des marchés, des flux des capitaux, que de celle symbolique qui est la perte de la règle fondamentale. Or, la règle fondamentale est celle de la dualité, de l’altérité et de la distance. Et c’est celle-la qui est partout en voie d’écrasement dans une confusion et une promiscuité généralisés. Nous avons dévoré non seulement la distance géographique, non seulement la distance temporelle, mais nous avons dévoré aussi la distance mentale qui nous séparait de nôtre propre image et jusque la distance métaphysique qui nous séparait de la vérité et de la réalité. Nous avons dévoré nôtre propre image, notre propre vérité et notre propre réalité, l’ayant dévoré nous sommes donc dans une situation de réalité intégrée, de réalité intégrale, sans distances et donc sans transparences.
Ce qu’on appelle aujourd’hui, l’individu, celui qui ne se divise plus, est le résultat de cette division, de ce collage avec lui-même, qui fait qui dispose intégralement de lui-même, et de ses multiples; le fait que chacun se pense aujourd’hui comme individu, est déjà une dérégulation fantastique. Avec Internet, les gens s’immergent dans leur propre cerveau, ils dévorent leur propre cerveau, ils le digèrent, et l’opération mentale devient une opération intégrale. C’est la vie d’héros, l’écran interactif, multimédia, Internet, la réalité virtuelle… Partout ce qui était séparé est confondu, partout est abolie la distance: entre les sexes, entre les pôles opposés, entre la scène et la salle, entre les protagonistes de l’action, entre l’objet et le sujet, entre le réel et son double. Et cette confusion des termes, cette collision des pôles c’est que nulle part il n’y a plus de jugement de valeurs possibles, ni en art, ni en morale, ni en politique, car l’abolition de la distance, à cause de la distance tout devient indécidable. La trop grande proximité entre l’événement et sa diffusion en temps réel crée une indicibilité, une virtualité d’événements, qui n’est autre que sa dimension historique et le soustrait à la mémoire. On assiste à le « reality show », où on assiste au récit en directe, dans l’acting télévisuel immédiat, à la confusion de l’existence et de son double; plus de séparation, plus de vide, plus d’absence, on rentre dans l’écran, dans l’image virtuelle…on rentre dans sa vie elle-même comme dans un écran.
A la différence de la photo, du cinéma et de la peinture, ou il y a une scène et un regard, l’image vidéo, comme l’écran du computeur induisent une sorte d’immersion, de relation ombilical, d’interaction active, immersion cellulaire, corpusculaire; on entre dans la substance vide de l’image pour éventuellement la modifier. Tout comme la science qui s’infiltre dans le génome, dans le code génétique, pour transformer le corps même. On se meut comme on veut, on fait ce qu’on veut de l’image interactive mais l’immersion est le prix de cette disponibilité…
Il n’y a que dans la séparation stricte de la scène et de la salle que le spectateur est un acteur… or tout conduit aujourd'hui a l’abolition de cette culture; immersion du spectateur dans le spectacle: le « living theatre », le spectacle devient interactif, est-ce l’apogée ou la fin du spectacle? Quand tous deviennent acteurs il n’y a plus d’action, il n’y a plus de scène, c’est la mort du spectateur et la fin de l’illusion.
On ne fait plus rien meme si on est en train de le faire : le retour image
Ce processus affecte très généralement l’univers visuel et médiatique, mais aussi la vie politique et intellectuelle, la vie cotidiane et individuel; nos gestes et nos pensées, cette réfraction automatique elle-même touche jusqu'à notre perception du monde le plus naïf et le plus naturel. Partout le retour-image traîne en quelque sorte, toute chose par une mise au point sur elle-meme, par une simulation automatique elle-meme et comme le virus de notre post-modernité. Le retour-image court-circuite la représentation, doublant en quelque sorte les choses a l’avance et interceptant leur déroulement… recouvrant toute chose les poiles de leur mise en scène, fenomène particulièrement sensible dans l’univers photographique, ou les êtres et les choses s’appuient immédiatement d’un contexte, d’une culture, d’un sens, d’une idée de même, desarmant totue vision et créant une forme d’aveuglement que denonce Rafael Sanchez il dit : « Il existe une terrible forme de s’hésiter, dont bien peu s’aperçoivent, celle qui permet de regarder et de voir, mais pas de voir d’un coup, sans regarder » C’est comme ça qui étaient les choses auparavant, on ne les regardait pas, on se contentait de les voir; aujourd’hui tout est emprisonné d’une duplicité, aucune impulsion pure est directe, c’est ainsi que la campagne est devenu paysage, c'est-à-dire, représentation d’elle-même. Dans ce sens, c’est notre perception même, notre sensibilité immédiate, qui son devenus esthétiques: la vue, l’ouïe, le touché, tous nos sens sont devenu esthétiques dans le pire sens. Toute vision nouvelle des choses, ne peut donc résulter que d’une déconstruction de ce retour image.
Les machines elles, ne produisent que des machines. Ceci est de plus en plus vrai, à mesure du perfectionnement du technologie virtuel; à un certain niveau de machination, d’inmersion dans la machinerie virtuelle, il n’y a plus de distinction homme-machine. La machine est des deux cotés de l’interface. Peut-être l’homme devient la réalité virtuelle de la machine, son opérateur en miroir. Cela tient a l’essence mémé de l’écran, il n’y a pas au delà de l’écran comme il n’y a pas au delà du miroir, mais la dimension du temps nous mène dans le temps réel, et la caractéristique de n’importe quelle surface virtuelle étant d’être là d’abord, vide, et donc susceptible d’être rempli par n’importe quoi, c’est a vous d’entrer en temps réel, en interactivité avec le vide.
Les machines ne produisent que des machines: les textes, images, films, discours, programmes, issues d’ordinateurs… sont des produits machiniques et ils en ont les caractéristiques: artificiellement expansés, limités par la machines; des films, par exemple, garnis d’effets spéciaux, des textes truffés de longueurs, de redondance, du a la volonté maligne de la machine de fonctionner à double, c’est ça passion a elle, et la fascination de l’opérateur pour ces possibilités illimitées de fonctionner. D’où le caractère fastidieux de tout cette violence et cette sexualité pornographie, qui ne sont que des effets spéciaux de violence et de sexe, même plus fantasmés par les humains, pure violence machinique qui ne nous touche plus. D’où tout ces textes qui sont comme l’œuvre d’agents virtuels intelligents, et dont le seul geste et celui de la programmation, le reste se déroulant selon les critères d’un autre. Rien à voir avec l’écriture automatique, celle des surréalistes qui jouait du télescopage magique des mots et des concepts alors qu’ici, ce n’est que la déclinaison automatique de toutes les possibilités. Cela s’appelle la cybernétique; on peut commander à l’image, au texte, au corps, de l’intérieur en quelque sorte, en jouant avec les codes et les égalités génétiques.
C’est d’ailleurs peut-être ce fantasme de performance idéal du texte et de l’image, cette possibilité de corriger entrain, qui provoque chez l’opérateur ce vertige d’interactivité avec son propre choix. En fait, c’est la machine virtuelle qui vous parle, c’est elle qui vous pense. Y-a-t il dans le cyberespace la possibilité de découvrir réellement quelque chose? Internet ne fait que simuler un espace mentale de liberté et de découverte. Il n’offre qu’un espace démultiplié mais conventionnel où l’opérateur interagit.
L’ordinateur lui est une véritable prothèse, je suis avec lui dans un rapport tactile et intersensoriel, je deviens moi-même un ectoplasme de l’écran, d’où, sans doute, dans cette incubation de l’image virtuelle et du cerveau, des innombrables défaillances qui affectent les ordinateurs et qui sont comme des lapsus de votre propre corps. Par contre, le fait que la priorité soit celle des réseaux, et non pas celle des individus, implique la possibilité de se dissimuler, de disparaître dans l’espace impalpable des virtuels et ainsi de n’être nulle part repéré, ce qui résous tout les problèmes d’identité, sans compter les problèmes d’altérité. Ainsi la fraction de toute ces machines virtuelles, vient sans doute moins de la soif de donner et d’information, que de la possibilité de se dissoudre dans une convivialité fantôme, forme planante qui tient lieu de bonheur, elle nous donne tout, mais subtilement, elle nous déroge tout en même temps. Le sujet devient automatiquement objet, il devient identique a lui-même, et c’est la panique: collision de tous les espaces, de toutes les temporalités, de toutes les identités dans l’univers virtuel; c’est comme dans les rêves, plus du négatif, plus de distance du négatif, tout est possible en même temps, rien n’est opposé, tout est juxtaposé. Et ça, c’est la négation du temps, car le temps est ce qui fait que tout n’est pas possible en même temps. C’est aussi, du même coup, la négation du langage, car le langage c’est justement ce qui fait qu’on ne peut pas tout dire en même temps.
Avec l’informatique et le digital, s’en est fini de cette fonction du symbolique, de l’articulation du symbolique du langage, c'est-à-dire, tout ce parfois le langage est bien plus que ce qu’il signe. Tout ce qu’il y a en lui d’absence, de vide, et en même temps de littéralité, est éliminé dans l’alternance digitale du 0-1; tout comme le négatif dans l’image de synthèse. Il ne reste que la mise au point exclusive du langage sur tout ce qui signifie, et ça c’est la réalité intégrale du langage, autrement dit, c’est la réalité virtuelle.
Le 0-1 digital c’est aussi le mort du signe, car le langage intégral n’est même plus fait de signes, le signe et la représentation en ont disparus. Or, c’est quand l’échange du signe et de la réalité devient impossible que celle-ci, en quelque sorte laissée à elle-même, est devenu insignifiant, devient exponentiel et prolifère à l’infini.
On dit communément que le réel à succombé a l’hégémonie du signe, des images, du simulacre, bref que la réalité a succombé a l’artifice; c’est encore cette analyse qui est derrière toute l’analyse de «la société du spectacle » de Débord : il faut inverser cette analyse aujourd’hui, et dire exactement l’inverse: nous avons perdu le signe et l’artifice au profit du réel absolu, nous avons perdu a la fois, le spectacle, l’aliénation, la distance, la performance, l’abstraction, tout ce qui nous séparait encore de l’avènement d’une réalité intégrale, une réalisation du monde immédiat et sans appel.
Disparition d’un simulacre en temps que réel qui caractérise un stade ultérieur de la simulation, celui d’un plus réel que le réel, d’un hiperréel. Or, qu’est ce qui rend l’échange possible sinon la transformance parfaite de la valeur, qu’est ce qui rend possible l’échange de la langue sinon la transformance parfaite du signe. C’est tout cela qui est aujourd’hui liquidé, pulvérisé. La valeur comme le signe, sont affectés de la même dérégulation vertigineuse. Non pas le réel, mais le signe, est à travers lui tout l’univers de la signification et de la communication, est subi à la même dérégulation que celles des marchés. Le miroir de signes est brisé, le stade du miroir en général est dépassé, on est au stade de l’écran, et on ne revient pas de l’autre coté de l’écran.
Cette réalité parfaite a la quelle nous certifions toute illusion est bien évidemment une réalité fantôme; elle est évidemment d’un autre monde et, au détecteur de mensonges, si on pouvait la y soumettre, la réalité comme la vérité avouerait qu’elle n’y crois pas. C’est comme la mort d’un fantôme, la réalité a disparu mais nous en souffrons exactement comme si elle existait encore. Or, comme l’a dit le protagoniste de Moby Dick, si je ressens les douleurs de ma jambe, alors qu’elle n’existe plus, qu’est ce qui vous assure que vous ne souffrirez pas du tourment d’enfer alors même que vous serez mort. Ce sacrifice n’a donc rien de métaphorique, puis tiens plutôt de l’opération chirurgical qui tire en plus d’elle-même une forme de jouissance; C’est Benjamin qui dit « l’humanité qui jadis s’avait commère avait été objet de contentation pour les dieux Olympiens, est maintenant devenu pour elle-même »… Son aliénation d’elle-même par elle-même a atteint ce degré qui lui fait vivre sa propre destruction comme une sensation esthétique de premier ordre. C’est contre ce monde, devenu tout a fait opérationnel, objectif et sans alternatives que ce développe le dénie de réalité: si le monde est a prendre en bloc, c’est alors qu’on le refuse en bloc, il n’y a pas d’autre solution; c’est un rejet semblable au rejet d’un étranger, c’est par une sorte d’instinct, de réaction vitale, que nous nous insurgeons contre cette immersion dans un monde achevé, dans le « royaume des yeux », oú la vie réelle est sacrifiée a l’hiperréalisation de toutes ses possibilités, à sa performance maximale, un peu comme l’espèce d’aujourd’hui sacrifiée à sa perfection génétique. Notre appréhension négative résulte de notre hypersensibilité aux conditions idéales de vie qui nous son données.
Cependant, il faut rendre sa véritable signification, je pense, à la révolution du virtuel, c’est la même péripétie qu’avec la révolution du medium, où on est passé à côté de la véritable mutation médiatique, en réduisant le medium à une simple technique instrumentale. Ainsi sommes nous en plein réalisme technologique, sociologique, politique, idéologique du virtuel ? ; on parle de « le mode d’emploi du virtuel », « le bon usage du virtuel », « une politique du virtuel », on parle de la « démocratie du virtuel », c'est-à-dire, on fait passer toutes les catégories traditionnelles sur le virtuel, sans rien changer a leur définition ni a leur principe de base. C’est ça qu’on peut appeler le réalisme, tous les postulats son revus et corrigés en fonction du virtuel, sans être du tout relus en cause à partir du virtuel. Or, la spécificité du virtuel est de faire événements dans le réel, contre le réel, et de remettre en cause toutes les catégories du réel, du social, du politique, de l’historique, tel qu’il n’y a plus d’événements de tout cela que virtuels. Autant dire qu’il n’y a plus de politique virtuel, et pas une politique du virtuel, il n’y a plus d’histoire que virtuel, et non pas une histoire du virtuel, il n’y a plus de technique que virtuel, et non pas de technique de virtuel, il n’y a plus d’économie que virtuel, enfin, il n’y a plus de catastrophes a la limite aussi que virtuelles.
Réinterpréter le virtuel a travers de toutes ces catégories qui le liquident, c’est a peu près le même contresens que de réinterpréter la science dans les termes de la théologie, comme il a été fait pendant des siècles, pour ne pas voir que la science n’était pas une théologie, ou de reinterpreter les medias en terme politico marxistes, pour ne pas voir que s’en est fini du déroulement de l’histoire avec l’entré en scène de l’information, que s’en est fini de la réalité avec l’entrée en scène du virtuel, mais que s’en est fini aussi de la réalité du virtuel lui-même ; c’est une paradoxe, le virtuel nie sa propre réalité en même temps que celle de tout le reste et il est repris par un jeu dont il ne détient plus la règle, personne, d’ailleurs, ne la détient. C’est comme dans le jeu de la pierre, des ciseaux et de la feuille, toujours le triomphe de l’autre dans une sorte de spirale infinie, il n’y a donc pas de stade suprême de l’intelligence et ce n’est certainement pas celui de l’intelligence artificielle.
Finalement pour en revenir au sujet et à l’aliénation, peut-être faut-il se poser tous ces problèmes en d’autres termes que ceux de l’aliénation et du destin malheureux du sujet. Et c’est au fond, cette emprise du virtuel qui nous y a mis ; nous sommes en pleine pataphysique, je dirais, c'est-à-dire de tout ce qui a outrepassé cette propre limite, de tout ce qui a outrepassé les lois de la physique et de la métaphysique. Or la métaphysique est ironique, et l’hypothèse qu’on peut faire sur tout ça, en même temps que les choses sont arrivées à un stade paroxystique, c’est qu’elles sont arrivées aussi à un stade parodique ; peut-être peut on avancer l’hypothèse qu’au delà du stade critique, du stade héroïque de la philosophie, qui est aussi celui de la métaphysique, il y a un stade ironique de la technique, un stade ironique de l’histoire, un stade ironique de la valeur, ceci nous délivrerai enfin de la vision heideggérienne de la technique comme effectuation et stade ultime de la métaphysique, ceci nous délivrerai de toute nostalgie et rétrospective de l’être, au profit d’une gigantesque ironie objective de tout ce processus, ce qui ne serai pas loin du snobisme radical, post-historique. FIN
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