viernes, 1 de junio de 2007

Chet Baker, un romanticismo





Chet Baker's 'Ax' and his 1954 Caddy, 1954, William Claxton






Diego G. Morandi
01/07/2005









ÍNDICE


.- Introducción



1. El romanticismo del jazz: melancolía y rabia


-La melancolía, “el más legítimo de los tonos poéticos”


2.Relación entre vida y obra del artista romántico


-Estética del sufrimiento: un “mal su siècle”


-Chet, un dandy


-El mito/ el maldito; un romanticismo




.-Epílogo



-Escuchas musicales





















(...)
Porque dulce será anegarse
En un abrazo inmenso,
Vuelto niebla con luz, agua en la tormenta;
Grato ha de ser aniquilarse,
Marchitas en los labios las delirantes voces.

Himno a la tristeza. Luis Cernuda





































INTRODUCCIÓN

Música, pintura, poesía, romance…los artes se tocan y los estilos se prestan, se intercambian, se retoman y se rechazan en la estela del tiempo; hay estilos que son negación del pasado, los hay que son todo lo contrario, revalorización de lo anterior. De hecho el Arte funciona así, a partir de su relación con el pasado se establecen unas normas a seguir y se crean vínculos y grupos con iniciativas similares. Porque el Arte es una materia ante todo social que se deviene en el tiempo que es la Historia, y ni el genio romántico se puede permitir crear en los márgenes de lo creado: “Ningún poeta, ningún artífice de cualquier arte, adquiere sentido por si solo. Su significado, su apreciación es la valorización de su relación con los poetas y artistas del pasado”, advertía T. S. Elliot.
Es partiendo de estas premisas que me propongo en este trabajo analizar el arte del trompetista Chet Baker para vincularlo y compararlo con el arte romántico, un estilo o movimiento estético y filosófico pero sobre aquella “manière de sentir” a la que se refería Charles Baudelaire. Puede ser interesante averiguar qué hay en la actitud artística, en la lírica y sonoridad musical de Chet Baker de romanticismo, investigación que llevará a analizar propiamente el sentir romántico; será a partir de la constatación tan bien expresada por un crítico de jazz que construiremos esta analogía:
En el fondo se trata de un creador [Chet Baker] que busca refugio en los descampados sociales, en la torre de marfil o en el abismo –dos actitudes románticas-, y sobrevive, enlutado y prometeico, en guerra con la negación de la vida, cuyo desenlace es siempre previsible.
[1]
Considerando que Baker tuvo una vida de grandes triunfos y estrepitosos fracasos, acompañado de un malditismo notorio (discutiremos si fue inventado o real), y teniendo en cuenta al mismo tiempo la importancia que adquiere en el romanticismo la vida del artista para su arte, hablaremos de la relación entre vida y obra del músico norte-americano que ha llegado hasta nuestros días como una leyenda del jazz, más que como un simple artista, tal y como nos llegan los mitos románticos, los suicidas, los dandis, los incomprendidos, los que sufren de malditismo al fin y al cabo.



1.Romanticismo del jazz: melancolía y rabia



El Romanticismo es el sentir que inicia la modernidad, la antesala donde se cuecen las artes del siglo XX, vanguardias, y de lo contemporáneo hasta lo actual[2], y a su vez, el jazz es el origen de la mayoría de la música moderna, resultado de ese genial encuentro que se dio en América del norte entre África y Europa[3]. Por ello, pueden encontrarse en el jazz –como movimiento estético y podríamos decir filosófico, no solo como movimiento musical– diversos puntos de encuentro con el Romanticismo:
Tres elementos básicos [del jazz]: 1) una relación especial con el tiempo, definida como “swing”; 2) una espontaneidad y vitalidad de la producción musical en que la improvisación desempeña un papel; 3) una sonoridad y manera de frasear que refleja la individualidad de los músicos ejecutantes.”
« C’est aussi une musique bien plus en rapport avec les expériences, les témoignages présents des arts littéraires et plastiques que la musique classique moderne alourdie qu’elle est par des techniques difficiles. (…) Le jazz est passion et cri, culture de l´éros primitif. Il est transe et
extase. »

Relación con el tiempo, espontaneidad e individualidad, experimental, grito, transito, éxtasis, son las principales coordenadas que unen a los artistas del romanticismo, como observa Hugh Honour:

“el único factor constante y común en sus opiniones y sus escalas de valores, siempre cambiantes, es la fe en las trascendencia de la individualidad –del yo individual y de sus
posibilidades de experimentar– y el rechazo de todos los valores que no lo expresaban.”
El jazz tiene mucho de individualidad y de experimentalidad puesto que se valora mucho más el interprete y su manera de interpretar que no el compositor.
El jazz como estilo musical tiene orígenes variados que es preciso comentar a modo de introducción. Uno de ellos y el principal es el Blues, aquella forma musical de lamento cantada por los afroamericanos esclavizados del que luego surgirá el jazz –si bien en un primer momento predominan el swing y el Dixieland, estilos festivos y de alegría– que más tarde será utilizado por los afroamericanos como una forma de rebeldía en la sociedad norte-americana:
Casi cien años después de que empezó, el jazz sigue siendo lo que era: una música de protesta; también esto contribuye a su vitalidad. Grita contra la discriminación racial, social y espiritual, contra los clichés de la moral burguesa, contra la organización funcional de la moderna sociedad de masas, contra la despersonalización inherente a esta sociedad.
Recordemos, en el mismo sentido, que el romanticismo es un movimiento de rebeldía en un primer momento, una reacción de protesta y de subversión contra la tendencia neoclásica de la Ilustración.[4] Más tarde, con la experimentación que permite la libertad conseguida, el romanticismo en la música tendrá también ese otro lado del ensueño melancólico, como el jazz, que en un primer momento tiene dos grandes bifurcaciones: la rabia, la rebeldía, lo “hot” por un lado, y por otro lado la melancolía, lo sentimental, el lamento, lo “cool”, que aunque son dos partes de un mismo conjunto –también lo era el blues, entre el lamento y el quejido– hemos de separarlos para analizar al músico que nos ocupa. Se pueden encontrar perfectas similitudes para esta diferenciación en la teoria poética de Gustavo A. Bécquer:
“ Hay una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y el arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua […] “Hay otra natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye; y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía.”
Si Charlie Parker podría ser comparado al romanticismo exaltado y furioso de Beethoven, Chet Baker se podría equipar al intimismo lírico de Chopin.[5] Claro que Baker fue un músico que trabajó su estilo entroncando con una corriente dentro del jazz conocida como ‘cool jazz’ iniciada por los Gerry Mulligan, Miles Davis, como una simple reacción a lo que por entonces estaba triunfando: un estilo desbocado y frenético conocido como ‘bebop’:
Encuentro en el Bebop a un movimiento artístico que significa un grito de hartazgo existencial. [...] Es entonces, no sólo en cuanto a lo musical, una renovación en las formas y ritmos (con la introducción de la quinta disminuida), sino que también es un grito en medio de un racionalismo Occidental que se desangra. El jazz habla de la sociedad que lo produjo. Por un lado es su forma musical, caótica y desordenada, un grito en medio de la crisis existencial de occidente; por otro lado esta música hunde en las profundidades de la Vida al individuo que la crea y también al que la disfruta. Por lo tanto este repliegue espiritual conlleva un hallazgo de la Vida frente a la Forma objetiva que domina al mundo moderno.[6]

Chet Baker sigue la estela de lo cool, que es polo opuesto a la experiencia del bebop, si bien también habrá grabado temas al más puro estilo ‘bop’, la melancolía es el principio alrededor del cual gira la mayoría de la obra de Baker.
Podemos afirmar pues que el jazz como música bebe en gran medida de la experiencia romántica; se funde en dos polos que son, al fin y al cabo el mismo, entre la melancolía y la rabia.




-La melancolía, “el más legítimo de los tonos poéticos”



Considerando, pues, la Belleza como mi dominio, la cuestión siguiente se refería al tono de su más alta manifestación; ahora bien, la experiencia ha demostrado que este tono es el de la tristeza. Cualquier género de belleza en su manifestación suprema, provoca invariablemente las lágrimas en un alma sensitiva. La melancolía es, pues, el más legítimo de los tonos poéticos.[7]

La melancolía como el más legítimo de los tonos poéticos podría ser una proclama de la modernidad puesto que la poesía, a partir de los siglos XVIII y XIX, tiende inevitablemente a manifestarse en un tono de tristeza, o al menos, en un tono más lírico que épico. Fue E. A. Poe quien formuló esta tesis, tan ajustada al sentir romántico ya a los finales del siglo XIX; por ello podemos relacionar a Chet Baker con esta idea; si escuchamos las grabaciones que hizo el norteamericano en cualquiera de sus etapas musicales, podremos percibir un tono profundamente melancólico[8]. Así nos hablan los que lo escucharon en directo:
“una poética construcción de líneas escuetas y doloridas y pesados silencios, melancólica como la versión de toque de silencio que habría interpretado en Presidio par los muertos que regresaban.”
“Puede que sea su melancólica soledad lo que causa tanta impresión, esa sensación de que Baker está verdaderamente perdido en el bosque”.
“Chet Baker encajaba perfectamente en lo que Fellini veía como un dantesco frenesí de decadencia moral y espiritual. Su declive tenía un trágico atractivo para muchos europeos, que lo veían como un artista que ejercía un dominio mágico sobre las almas de la gente.”
“Su música era uno de los lamentos más hermosos del siglo XX”


Tomemos como ejemplo una de las canciones que definirán su estilo, Goodbye, de la que nos habla el mismo James Gavin:
"Goodbye, el sonido que le hizo famoso: un sonido tan suave y transparente como el cristal con un brillo de dolor y misterio parpadeando bajo la superfície, imposible de escrutar desde más cerca.”
Se puede comparar este sonido con uno de los nocturnos de Chopin; recuerda a la vía misteriosa de la que habla H. Hugh, y está íntimamente emparentado con el sentir romántico por varios aspectos a destacar:
“No puedo apenas imaginar (¿es que sería algo así como un espejo encantado mi propio cerebro?) un tipo de Belleza sin la presencia de la Desdicha”[9]

La Belleza relacionada con la desdicha en el arte (y también en la vida, como veremos más tarde); se trata de premisas románticas que los músicos de jazz siguieron al pie de la letra. Es interesante constatar que en el período de Chet Baker el jazz era muy apreciado por los intelectuales europeos que se llamaban a sí mismos existencialistas, y que por sus propuestas artísticas ligan en gran medida con la herencia romántica. En Estados Unidos el jazz fue la banda sonora del movimiento beatnik, escritores como Jack Kerouac o Allan Ginsberg y fotógrafos como H. Cartier-Bresson, iniciadores de lo que hoy en día se conoce como la contracultura, y predecesores del hipismo; una generación que con la voluntad de liberarse de los fuertes prejuicios de la sociedad norteamericana a través de posturas radicales como las experiencias con las drogas, el vagabundeo en la carretera, bien plasmado en la película Easy Rider.
No podemos descartar que esa postura o esa actitud de Chet Baker fuese simplemente una máscara fabricada por él mismo, por los críticos de jazz o por los seguidores del músico. En todo caso la figura que nos llega es una figura, inventada o real, puramente romántica, parecida a la figura del dandy romántico. Sí podemos juzgar su música, que resulta estrañamente romántica.
La música nos habla de muchas maneras; tantas como maneras de escucharla hay. Si bien la parte existencialista en Chet Baker es nula; su actitud de indiferencia y de romántico apenado es prototípica; hablar de existencialismo sería falsearlo, pero Baker en la música habla de cosas más allá de las palabras y los conceptos –quién pudiera descifrarlos. Solo el oyente atento entenderá que al trompetista le preocupa el horror del Tiempo, como a cualquier músico, fuera de la música la existencia, la vida misma, es banal, acaso innecesaria:

Pour Chet, le fait de jouer était la seule justification d’une existence qui, en dehors du jazz, n’avait ni réalité ni importance. Ou guère. Tout juste un mauvais rêve qu’il fallait subir et chercher a exorciser. A sa manière qui n’avait que faire des interdits et des règlements. La seule chose vraiment importante était ce solo en train de naître qui, après tout, pourrait bien être le dernier. [10]

Exorcista baudelairiano de la destrucción, un mal sueño que no tiene sentido vivir sin la embriaguez : “Es para no sentir el horrible peso del tiempo. Es menester embriagarse sin cesar, con vino, con poesía o con virtud, como queráis.”
Hay que destacar que a Chet Baker se le haya llamado muchas veces el “poeta del jazz”, dado que su interpretación de los grandes standarts del jazz le otorgaba una calidad poética a su música inconmensurable; si creemos la proclama del romántico Edgar Allan Poe que abre este apartado, la melancolía, el más legitimo de los tonos poéticos, Chet sería propiamente un poeta, dado que tiende una y otra vez al tono melancólico; no solo con la música que sale de su trompeta, en un tono extremadamente flojo auditivamente (rara vez toca a más volumen que un mezzo forte), sino también con las baladas cantadas, que suelen adquirir un tono profundamente triste. Una de las grandes virtudes del trompetista son los solos que articula en los standarts del jazz, por ello afirmó con bastante acierto un crítico musical de su época: Sus solos estuvieron considerados como modelos de expresión sincera, tan elegantes como poemas. (p.16)
Canciones como “Everything happens to me”, “Moon and Sand”, “Oh you crazy moon”, “Time after time” o bien “My funny Valentine”[11] se convierten bajo la lírica del músico en verdaderos poemas, en la mayoría de los casos lamentos de amor, que de la misma manera que Bécquer, el romántico español por excelencia, puede ser el pretexto para exponer la teoría romántica: “En las rimas pone de manifiesto la sinrazón del amor (por tanto de la vida) al elevar con radical sinceridad su propia tragedia interior a categoría universal. El amor es un pretexto para exponer la teoría romántica.”
For heaven’s sake, let’s fall in love
It’s not mistake

Every time we say goodbye, I die a little…

Imagination is funny, it makes a cloudy day sunny
Imagination is cray, your whole perspective gets hazy

I Guess I’ll go trhough life just
Catching colds and missing train
Everything happens to me

Las letras de las canciones que escogía se ajustaban a la imagen de víctima inocente y de ángel desdichado, (“cara de ángel, corazón de demonio” le espetó un fiscal en una acusación por drogas) si bien hemos de tener en cuenta la afirmación de una des sus mujeres, Ruth Young:
“La verdad es que ninguna de aquellas canciones significaba nada para él… lo mismo habría podido cantar anuncios de Charmin. Venía de un mundo musical, y para él las palabras no eran más que notas.” P,125

Por lo que hay de deducir que la música en sí ya era poesía, la literatura de las baladas no le interesaba al trompetista, cosa que lo demuestra el hecho de que no compuso ninguna balada cantada, sino que se conformaba con adaptar a su estilo las más famosas y repetidas baladas del jazz. La mayoria de las canciones que interpreta Chet Baker son baladas románticas de amor que hablan de encuentros o desencuentros, letras que nos hablan de desdichas de amor en las que no hemos de buscar un sentido a su postura romántica puesto que se trata de canciones simples sin ningún trasfondo existencial. Insistimos, lo importante en Chet es la manera de interpretar las baladas, de hacerlas suyas con ese aire romántico sensual: “Su desentonación drogada e introvertida es extrañamente sensual. Canta muy despacio, y el efecto es de ensueño” [12]

Chet tenía el sentido del silencio, que es la materia prima del músico. Se acercaba al micrófono, dejaba pasar cuatro, ocho compases, y desde el mismo momento en que atacaba la nota, ésta alcanzaba toda su plenitud (...). Conseguía una escucha profunda del público porque daba toda la significación musical al silencio antes de empezar su solo".
“Ses phrases magnifiquement équilibrées étaient d’une rare imagination mélodique et les couleurs, pourtant peu modulées, qu’il tirait de ses instruments étaient d’une exeptionelle et paisible pureté”






2.Relación entre vida y obra del artista romántico



Th. Géricault: Retrato de un joven. 1918-19. Museo del Louvre


La vida del artista en la comprensión de su arte adquiere una importancia que hay que tomar como una nueva concepción del arte mismo. Tal como advierte Hugh Honour:

“la concepción romántica del artista –con todo lo que lleva consigo de «vocación», «temperamento artístico» y esforzado «genio incomprendido»– se halla actualmente tan difundida que se olvida con facilidad lo reciente de su origen. … Toda obra de arte romántica es única, es la expresión de la experiencia vital personal del arista.”

Justamente el origen de esta concepción se da en los siglos XVIII y XIX, los siglos del romanticismo, y del que buscamos a considerar al músico Chet Baker un continuador de esa forma de sentir, de los valores tanto estéticos como éticos. Es notable que esta forma de entender el arte será la piedra angular de casi todos los movimientos estéticos del siglo XX, o sea de la modernidad, como lo vio Octavio Paz:


La más notable de las semejanzas entre el romanticismo y la vanguardia, la semejanza central, es la pretensión de unir vida y arte. Como el romanticismo, la vanguardia no fue unicamente una estética y un lenguaje; fue una erótica, una política, una visión del mundo, una acción: un estilo de vida.

Chet Baker es una caso interesante para mostrar la relación entre vida y obra de un artista, que en este siglo ha tomado tanta importancia, seguramente, como apuntaba Paz, gracias a la “tradición de la ruptura” del romanticismo.
Para empezar a hablar de la vida de Chet Baker vamos a tomar en consideración el aviso del crítico de jazz André Francis:


“Il suffisait de l’écouter, de le voir, penché sur sa trompette ou son bugle, parler de sa musique, de l’entendre chanter d’une tendre voix fragile des standards sentimentaux, pour être ému aux larmes, mais il ne faut pas se laisser prendre à ces pièges émotionnels, on doit juger ce musicien pour ce qu’il est: un des plus grands”

La vida del trompetista, muy bien descrita en la solapa de sus memorias, no merece más de 5 líneas: “vivió la vida propia de una leyenda. Sus tumultuosas e innumerables relaciones sentimentales, las trifulcas y sobre todo la droga marcaron el destino de un músico genial que acabó sus días de manera trágica. A un lado y otro del Atlántico, dentro y fuera de la cárcel, con un consumo diario de diez gramos de heroína y diez más de cocaína, Chet Baker nunca dejó de buscar una suerte de redención.” Se trata del heroísmo de las decadencias del que hablaba Baudelaire, y que tanto éxito ha tenido entre los movimientos artísticos de final del siglo XX; recordemos los mitos de la música norteamericana como Kurt Cobain, Janis Joplin o Jimy Hendrix, y tantos otros a los que es inevitable ya tachar de mitos inmortalizados en la música y en el imaginario social, dado que sus vidas se utilizaron para exaltar la figura de leyenda, así como las condiciones de su muerte: Cobain se suicidó, Joplin y Hendrix murieron de sobredosis, como tantos otros músicos de jazz. Pero cabe preguntarse, ¿se trata de “consciencia desgarrada” y “sentimiento de malestar” como anunciaba Argullol, o estamos hablando de una simple moda de un mercado, el musical, que comercializa la experiencia trágica y trata de fábricar mitos para aumentar las ventas?

Muerta la carne nace el mito y la cultura se apropia del relato vívido. Se nos vende el auge y la caída del músico, asegurando para la historia su resonancia legendaria y para el consumismo mercantil el éxito de ventas. Convertida su biografía en fábula lo que venga después no serán sino tergiversadas simulaciones y teatralidad manifiesta, falsas copias y calcos opacos de un remoto original cuyo verdadero testimonio reside, sólo ya, en el recuerdo de los más allegados al cuerpo del biografiado. ¿Dónde queda el hombre y donde el mito?























Estética del sufrimiento: un “mal su siècle”

Philip Otto Runge


Es importante constatar en esta relación establecida que se tildaba aquella “manière de sentir” de los románticos como una enfermedad; el famoso “mal du siècle”, una dolencia espiritual que hizo que, como en el jazz, algunos encontraran la cura en el suicidio en vida o en el suicidio propiamente dicho. Es sabido que después de leer la novela de Goethe, Las desventuras del joven Werther, muchos jóvenes imitaron al protagonista en su suicidio literario. Los sufrimientos del protagonista, aunque tienen origen en el rechazo de una mujer casada, adquieren una dimensión más amplia de la relación del artista con la sociedad: una turbación espiritual que no encuentra cauce en la realidad, y debe evadirse a través de la muerte (si puede considerársela un arte), la fantasía, la naturaleza, la soledad, y por encima de todo una existencia melancólica. En el mismo sentido encontramos el ejemplo claro de la “enfermedad mortal” de Kierkegaard que en cierta manera anticipa el existencialismo, ese morir de vida:

Tal es la desesperación, ese mal del yo, la Enfermedad mortal. El desesperado es un enfermo de muerte. Más que en cualquier otro mal, se ataca aquí a la parte más noble del ser; pero el hombre no puede morir por ello. La muerte no es aquí un término interminable del mal, es aquí un término interminable. La muerte misma no puede salvarnos de ese mal, pues aquí el mal con su sufrimiento y... la muerte consisten en no poder morir. Allí se encuentra el estado de desesperación. Y el desesperado podrá esforzase, a no dudar de ello, podrá esforzarse en lograr perder su yo, y esto sobre todo es cierto en la desesperación que se ignora, y en perderlo de tal modo que ni se vean sus trazas: la eternidad, a pesar de todo pondrá a luz la desesperación de su estado y le clavará a su yo: así el suplicio continua siendo siempre no poder desprenderse de sí mismo, y entonces el hombre descubre toda la ilusión que había en su creencia de haberse desprendido de su yo. ¿Y por qué asombrarse de este rigor?, puesto que ese yo, nuestro haber, nuestro ser, es la suprema concesión infinita de la Eternidad al hombre y su garantía.


Puede decirse que la vida de Chet Baker fue una constante aproximación a la muerte en casi todos sus aspectos; la música, la droga, la mujer. Vividas las tres al límite (el orgasmo como petite mort, la heroína, la adicción-muerte en vida, y la música, ese sitio donde el tiempo es otro, es casi el de la no-vida, el de la muerte, ese “lo estoy tocando mañana” de El perseguidor,) se puede afirmar sencillamente que el artista busca en ellos los ingredientes para evadirse de las vicisitudes de la vida.


“Baker habia vivido dentro de algún tormento propio que no tenia nombre, y de él había sacado una música tan exquisitamente triste, tan lírica, que la gente se aferró a él durante años, empeñada en descubrir su secreto.”

Un tormento que lo convirtió en maldito o un maldito que se atormentaba El sufrimiento como forma de arte, la existencia partida; se diría de Chet Baker aquél maldito del que hablaba Baudelaire:

Un malheureux ensorcelé
Dans ses tâtonnements futiles
Pour fuir d'un lieu plein de reptiles,
Cherchant la lumière et la clé;

Un damné descendant sans lampe
Au bord d'un gouffre dont l'odeur
Trahit l'humide profondeur
D'éternels escaliers sans rampe.
[13]

O porqué no un hombre subterráneo como los llamó María Zambrano, aquellos modernos del siglo XX que están necesitados de una confesión[14]:

Muertos en vida que exhalan gemidos, gritos desde el fondo del sepulcro, que es su infierno, sus palabras suenan siempre, son gritos desde el fondo, como llamadas de auxilio en una época muy poco piadosa, cada vez menos, con los muertos de verdad que al fin ya no gritan […] y de ahí también que sus palabras, gritos desde el fondo del infierno, tengan mucho de confesión a la desesperada y en sus adeptos funcione de una manera parecida a una confesión.[15]

Quizás tengamos que leer las palabras de un crítico de jazz acerca de Charlie Parker, perfectamente adaptables al trompetista del que estamos hablando:

No es tanto un personaje real como el trasunto de un arquetipo poético bien identificado en la historia del arte: el artista solitario como agente de búsqueda de belleza. El músico que ahonda en el ser para triunfar sobre la carne y el eterno perseguidor insatisfecho de la belleza que naufraga en un medio hostil

Sea como sea, y siguiendo con las palabras de Garrido Muñoz, hemos de ser conscientes de que:
...existen los personajes de la frustración. Falsos héroes y solitarios sin estrella, perdedores y poetas apocados, con resonancia mística, que forjan lo patético y lo romántico. El eterno atormentado, convirtiendo sus purgas en algo público, cuando el mercado romantiza, idealiza, trafica y eterniza su figura dando una visión del jazz unidireccional y estereotipada: Dogmatizando que el jazz es vértigo y ello hizo que se llevase a muchos a la tumba.
El jazz es vértigo, como para el romántico lo es la ópera, la sonata, la novela, y sobretodo la poesía; es más el jazz es también abismo, aquel concepto que tanto gustaba a Baudelaire: Considera que se vive más bien como víctima, y que tras las horas, acaso dionisiacas y bienaventuradas, se hunde la voluntad en abismos y en deseos de embriaguez olvidadiza.
[16]

Curiosamente parecido a los fantasmas de rostros horripilantes que pintaba Goya.



Chet, un dandy

Pueden establecerse otros vínculos entre su postura como artista y la del romántico, más concretamente los llamados Dandis, de entre ellos el más célebre, Baudelaire, que define el dandismo como el “ultimo destello del heroísmo de las decadencias”. Muchas son las similitudes que podemos encontrar entre los dandys del siglo XVIII y XIX y el dandismo moderno en la estela de Chet Baker. Encontramos en el libro El dandismo recogidos los testimonios de los dandys románticos como Balzac, Barvey D’aurevilly y Baudelaire y curiosamente encajan con el personaje de Chet Baker. Honoré de Balzac nos da algunas definiciones de lo que se entendía en el romanticiso por el dandysmo:


Dandis… calma, displicencia, majestuosa frivolidad y feroz egoísmo.(…) Una de las principales características del dandismo es la de producir siempre lo imprevisto, ese algo que el espíritu acostumbrado al yugo de las reglas no puede esperar en buena lógica. (…) Excentricidad de un modo desmesurado, salvaje y ciego: una revolución individual contra un orden establecido, y algunas veces contra la naturaleza toda.

Además, el mismo Balzac, llevado por el espíritu sentimental propio del romántico nos habla de la figura del dandy como necesario para la sociedad:

“La humanidad tiene tanta necesidad de ellos y de su atractivo como de sus más solemnes héroes o de sus más austeras grandezas, porque ellos proporcionan a las criaturas inteligentes el placer a que tienen derecho, y se introducen en la felicidad de las sociedades de la misma manera que otros hombres participan de su moralidad. Se trata de naturalezas múltiples, que poseen un sexo intelectual indeciso, en el que la gracia es más gracia todavía en la fuerza, y en el que la fuerza se reconoce incluso en la gracia…

El estilo que hizo particular a Chet Baker era el conocido como “cool” (del inglés: sereno, frío, indiferente, distante), una manera de tocar jazz muy relacionada con una postura ante la vida y sobretodo ante el público en el escenario. Fue Miles Davis, como ya hemos visto, el iniciador del cool:

Miles Davis, el trompetista negro cuyo estilo escueto y nervioso definió el cool como una máscara que ocultaba las emociones violentas… Birth of the cool destilaba una estudiada sofisticación y una gélida aura intelectual que fueron profusamente imitadas por el jazz blanco de la Costa Oeste. A pesar de su aparente lirismo, la música de Davis estaba cargada de corrientes subterráneas de rabia, y Baker, cuya propia rabia iba cociéndose, conectó con ese estilo tan apasionadamente que sintió había visto la luz.[17]

Si nos guiamos por lo que nos dicen los analistas de la época, hemos de reconocer que Chet Baker era propiamente un dandy romántico en su actitud, en su imagen cuidada de belleza femenina, de profunda mirada misteriosa, interpretando una música melosa, una insinuación puramente sensual; se diría que él mismo leyó las palabras de Baudelaire: “El carácter de la belleza del Dandy consiste sobre todo en ese aire frío que proviene de la firme resolución de no sentirse emocionado”.


La palabra que casi todos empleaban para describir a Baker era “cool”, frío, distante, que controlaba sus emociones, una cualidad a la que aspiraban todos los jazzmen. Lo cool era un sonido, pero era también un modo de vida.
Por si fuera poco, el mismo prologuista de El dandismo, hace una comparación que puede darnos la clave que estamos buscando para el trabajo:

“Esta forma de vida y de pensamiento [la de los beatniks] que se reclama de la filosofía hindú es un invento norteamericano, como el Dandy romántico lo fue de la Inglaterra Victoriana. Las dos actitudes surgen en sociedades violentas e imperialistas y se caracterizan por un escapismo estético o místico y el odio hacia la masificación.

Si tenemos en cuenta que Baker coincide completamente con el movimiento de los intelectuales beatniks, hemos de admitir que se tratan de dos actitudes que parece tienen bastante en común.










El mito/ el maldito; un romanticismo







Aunque no encuentre enemistad maligna en el exterior, el genio descubrirá sin duda dentro de sí mismo un enemigo presto a acarrearle las mayores calamidades. Por eso la historia de los grandes hombres es siempre un martirologio: cuando no son víctimas de la grandiosa raza humana, sufren por su propia grandeza, por su especial modo de ser, por su odio hacia el filisteísmo, por la incomodidad que experimentan ante los tópicos pretenciosos, las mezquinas trivialidades que les rodean, una incomodidad que les lleva facilmente a la extravagancia.[18]

Y es que el propio H. Honour nos avisa: “Se trata, evidentemente, de un mito inventado por los románticos, un mito tan insidioso como seductor por sus consecuencias que aún sobrevive en nuestros días.” El malditismo va perfectamente asociado a la enfermedad como estilo de vida; muchos se crearon a sí mismo la máscara de maldito, y en otros casos fue resultado de la propia vida en sociedad que los condenó como seres indeseables, anti-héroes, dandys, bohemios, incomprendidos, degenerados, decadentes, que pasará a ser la figura clave del artista en el siglo XX. Desde la decadencia del modernismo con À rebours de J.K Huysmans, pasando por el poeta ciego y miserable Max Estrella de Valle-Inclán, hasta los vagabundos y hippies de la generación Beat, en EE. UU.
Chet Baker adquirió esta máscara de maldito por dos razones principales: la imagen que se creó entorno a su vida (relaciones tempestuosas con las mujeres, con las drogas, con los músicos con los que actuaba) y su adicción a la heroína, que lo llevó a pasar casi tres años en la cárcel.
Pero hoy Chet es un mito, una leyenda, todos coinciden en que la esencia de su vida era un caos incesante atravesado por el genio en estado puro. Se habla de la esencia de su vida, pero se olvida que le hicieron la vida imposible en las salas de jazz cool de la Costa Oeste, y también en Nueva York, y ya no se recuerda que el genio de la trompeta tuvo que ir a tocar a tugurios de Europa donde, convertido en una arruga andante, seguía manejando la trompeta con un virtuosismo y originalidad insuperables. Se le recuerda, sí, pero con la visión deformada de Hollywood, que prepara una gran superproducción sobre su vida[19]




…Chet, en vida o casi, entró en la leyenda, y quienes lo conocieron hablan aún de él como de un ser no del todo real, inquieto, que se buscaba, que se sentía mal en su piel y que el azar había hecho nacer en una época peligrosa para los afables y los débiles, la época fácil y brillante de la prohibición, de la conquista del mundo por el jazz, de los gangs y de la gran depresión. BORIS VIAN


El aura de Chet se ha exagerado mucho. De alguna manera, su falta de personalidad se convirtió en su personalidad. La tromba d’oro y la belleza y todas esas idioteces… Si Chet hubiera tenido la pinta de Mickey Mouse, no tendríamos esta conversación. Él no quería hacer nada, a parte de tocar su trompeta y cantar, y a poder ser, dejar algo que tuvier mérito musical.

[…] “Pero, en otro sentido, no podemos --la humanidad jamás ha podido-- ni queremos prescindir de los mitos. O sea, no podemos ni queremos prescindir de la metáfora en el arte ni en la vida en general. Mejor dicho, no podemos ni queremos prescindir de la imaginación. Ciertamente, el arte necesita la metáfora, es decir, es necesario presentar cosas que no son reales, o sea, que no son un retrato de la realidad en un momento dado ni representan un aspecto concreto de ella, sino que son una concentración de la vida en un plano más alto, como dijo Mao. Se necesita la ficción y la metáfora... en el arte y en la vida en general.
[20]


Vi los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura, famélicos, histéricos, desnudos,
Arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de un colérico pinchazo…”

“La heroína y el hundimiento en la irracionalidad, más las temporadas constantes en el alcoholismo, desembocan en el mundo viscos de los traficantes, la existencia vil y la construcción de un (anti) heroísmo de la marginalidad, una épica de las orillas. “

“La realidad llena de apariencias y de trampas los rodea, la fantasía y las representaciones del arte intentan tapar sus agujeros, sus fisuras, o por lo menos, construir una habitación donde puedan ingresar aquellos que dan la espalda al mundo y aceptan un reglamento de vida diferente, nunca escrito, que consiste sólo en normas ausentes y practiables. El espacio resbaladizo de una antropología cuyos cimientos son el deseo y los sueños.
Los perseguidores. Músicos iracundos en busca de lo inefable, de los espejismos tras los cuales corrió Rimbaud… deseaban formar un tipo de alquimia: pesadillas+música+tiempo
La heroína y la trompeta son las musas, proporcionan al instante la plenitud y la euforia que hacen tolerable o incluso deseable el despertar, otorgándole a cada día una pasión ausente en las horas de decaímiento, las más.

Pueden aplicarse las palabras de Borges en referencia al malditismo de Poe y de su relación con su país de origen, el mismo que Chet Baker, Estados Unidos, y ver a los dos artistas casos parecidos:
Sin la neurosis, el alcohol, la pobreza, la soledad irreparable, no existiría la obra de Poe. Esto creó un mundo imaginario para eludir un mundo real; el mundo que soñó perdurará, el otro es casi un sueño. […] Inaugurada por Baudelaire, y no desdeñada por Shaw, hay la costumbre pérfida de admirar a Poe contra los Estados Unidos, de juzgar al poeta como un ángel extraviado, para su mal, en ese frío y ávido infierno. La verdad es que Poe hubiera padecido en cualquier país. [21]

En el arte la muerte por desgarradura cotiza en bolsa y en lo relativo a las pérdidas humanas bajo la simbiosis jazz y drogodependencia; de aquellos homicidios cometidos por la heroína durante el advenimiento del bop, urge separar tres vectores: la dependencia a las adicciones, el genio creador y el relato mítico de la vida del jazzman en su intento de conquistar la trascendencia de su arte. Parker reunió por sí sólo las tres gracias. Eso gusta mucho al público, por eso su muerte le sienta tan bien. La sangre de los mártires renta mejor. [22]

como artista moderno, para el cual la muerte prematura se presenta como condición de su creatividad. Es la agonía romántica de la muerte prematura: Shelley y Keats, Sylvia Plath y los expresionistas abstractos... mil ejemplos más, a granel.






























Epílogo

Música y literatura, música y pintura, distintas manifestaciones de una misma voluntad: expresar lo indecible, lo inaprensible… “salvarse de transcurrir, que es un padecer, para llegar al reposo en el ser absoluto” según María Zambrano. Desde la Literatura comparada podemos observar esa unidad de voluntades, y crear vínculos a menudos olvidados o menospreciados, resultado de la ramificación y separación de las expresiones artísticas. Si algo busca el humanista en esa interdisciplinariedad es todo lo contrario: la visión del humano universal, el arte humano como manifestación de un sentir humano, el mismo en todos y cada uno de los individuos de una misma especie: muerte, amor y arte.
¿Qué pasa si establecemos similitudes entre los artistas a lo largo del tiempo?, las más de las veces, las piezas encajan como en un puzzle. Ponemos a Chet Baker junto a lo romántico porque escuchamos su música y nos viene a la cabeza un poema de Kierkegard o el célebre A sí mismo de Leopardi:

Descansarás por siempre, cansado corazón.

Murió el engaño que eterno yo creí. Murió.

Bien siento que de amados engaños,

no sólo la esperanza, el ansia ha muerto.


Vemos una fotografía de Baker joven y visualizamos un retrato de Gericault o de Otto Runge, autorretratos más bien, con ese aire de belleza femenina, mirada perdida y un aire profundamente nostálgico en las comisuras de los labios; construcciones de un sufrimiento, melodías de ensueño que nos llevan hacia un misterio harmonioso, triste al fin, a vueltas trágico, a vueltas esperanzador. Escuchemos ahora relajadamente ese tema, Goodbye y recordemos la melancolía del poeta en afirmar que “no imagina una Belleza sin la presencia de la desdicha”. Escuchamos y en nuestra cabeza se forman paisajes desolados y ciudades en ruina de Friederich, una especie de “vía misteriosa” como se refiere Honour.
No es conclusión precipitada: Chet Baker fue un perfecto continuador de las formas románticas; la interpretación con la trompeta, el cante, su actitud en el escenario. Los críticos hablan muchas veces del romántico Chet Baker, si bien utilizan el sentido moderno de romántico: más relacionado al donjuanismo y al sentimentalismo, que no con la ‘vía misteriosa’ o la melancolía de Poe


















...y surgieron reencarnados en los trajes fantasmales del jazz en la sombra del corno dorado de la banda y exhalar el sufrimiento de la mente desnuda de América para amar en un eli eli lamma lamma sabacthani saxofón que llora estremeciendo las ciudades bajo la última radio con el corazón absoluto del poema de la vida descarnada de sus propios cuerpos buenos para comer mil años.

Allen Ginsberg, Howl































































































































BIBLIOGRAFIA



―Abraham, Gerald. Cien años de música. Alianza Editorial, Madrid, 1985.


―Avakian, Bob. Materialismo y romanticismo: ¿Podemos prescindir de los mitos?. En Obrero Revolucionario nº 1211, 24 de agosto, 2003.


―Baudelaire, Charles.


,― Las flores del mal.Visor Libros, Madrid, 1996.


,―Oeuvres complètes. Editions Robert Laffont, Paris, 1980.


―Baker, Chet. Como si tuviera alas. Las memorias perdidas. Editorial Mondadori, Barcelona,1999.


―Berendt, Joachim. El jazz. Su origen y desarrollo. Fondo de Cultura Económica, México, 1988.


―Francis, André. Jazz. Editions du Seuil, Paris, 1991.


―Garrido Muñoz, Miguel. Tocata y fuga en la noche. Auge y caída de un mito americano. En Cuadernos de Jazz nº 87 , marzo-abril 2005.


―Gavin, James. Deep in a dream. La larga noche de Chet Baker. Editorial Mondadori, Barcelona, 2004.


―Gioia, Ted.The history of jazz. Oxford University Press, New York, 1997


―Honour, Hugh. El romanticismo. Alianza Editorial.


―Paz, Octavio. Los hijos del limo. Del romanticismo a la vanguardia. Editorial Seix Barral,1987.


―Poe, Edgar Allan. La filosofía de la composición y el principio poético. Editorial Langre, Barcelona, 2002.


—Siguán, Marisa (coord.). Romanticismo-romanticismos, PPU, Barcelona, 1988.


―Vian, Boris. Escritos sobre jazz. Tomo II. Editorial Brech, Madrid, 1984


―Zambrano, María. La confesión: género literario. Editorial Siruela. Madrid, 2004


La poesía del jazz. Litoral - Nº 227-228































Notas



[1] Miguel Garrido Muñoz, en Cuadernos de jazz, nº 87, marzo-abril 2005.
[2] R. Argullol: “Cabe [...] considerar al Romanticismo como la anticipación de tendencias y contradicciones que dominarán la cultura moderna. Como umbral abierto de la modernidad.” En Romanticismos/ Romanticismo. Pág. 206 y ss.
[3] Las mayoría de críticos de jazz están de acuerdo en afirmar que esta música bebe de las dos culturas: “El jazz es una forma de música de arte que se originó en los Estados Unidos mediante la confrontación de los negros con la música europea. La instrumentación, la melodía y armonía del jazz se derivan principalmente de la tradición musical del Occidente. El ritmo, el fraseo, y los elementos de la armonía de Blues se derivan de la música africana y del concepto musical de los afro-norteamericanos”, en Joachim Berendt. El jazz. Su origen y desarrollo.
[4] Honour Hugh: ...
[5] Una comparación interesante que hace Hugh en su introducción a El romanticismo entre una obra de Gericault y otra de Overbeck puede aportar algo de luz a estos dos polos de los que hablamos, a los que Hugh se refiere como dos lenguajes visuales que no tienen aparentemente nada en común: “lo que en uno es representación audaz y libre, con pinceladas amplias y manchas de pigmento salpicadas con espontaneidad aparentemente exuberante, es en el otro elaboración meticulosa, meditativa, con la precisión de pincelada del miniaturista. Las formas de Géricault resaltan en el lienzo, modeladas con cambiantes contrastes de luz y sombra, superponiéndose bruscamente los pigmentos claros a los oscuros. Las formas de Overbeck se articulan con precisión y frialdad, con contornos firmes, más dibujados que pintados, rellenos hábilmente con colores suavemente modulados de una tonalidad otoñal atenuada: dulce, aunque triste.”
[6] Hernán Ronsino. Simmel y el Bebop, en www.enfocarte.com
[7] Edgar Allan Poe, Filosofía de la composición.
[8] Apéndice
[9] Baudelaire.
[10]Alain Tercinet, en Broken Wing, Chet Baker, 1978, colección Jazz in Paris, Gitanes Jazz Production.
[11] Apéndice
[12] Op. Cit. Pág. 508
[13]Baudelaire, Charles. Les Fleurs du Mal. Versión castellana de Jacinto Luis Guereña. Visor Libros, Madrid, 1996. LXXXIV. Lo irremediable: “Un infeliz hechizado y que/ Mediante tanteos fútiles/ Busca la luz y la clave para/ Huir de una guarida de reptiles. /Un maldito sin antorcha que desciende / Por viejas escaleras sin barandilla / Cerca de un abismo cuyos olores /Pregonan su húmeda profundidad.”
[14] Recordemos las palabras con que se refiere Zambrano a los últimos Románticos ya que pueden ser de gran utilidad: “en su delirio moderno, Baudelaire y Rimbaud: sus polos eran la desesperación y la felicidad; vivir era tan solo sentirse arrebatar por la una o por la otra, hundirse en el abismo de las dos, en verdad un solo abismo.”
[15] M. Zambrano, La confesión: género literario.
[16] Jacinto Luis Guereño, en Acercamiento a Baudelaire. Las flores del mal. Visor Poesía, 1977.
[17] James Gavin.
[18] Cita de H. Hugh en El romanticismo. Heinrich Heine, Religion and Philosophy in Germany (1834)
[19] Enrique Vila-Matas, Querido Chet, en El País, 19 de Enero 2001.
[20] Bob Avakian. Materialismo y romanticismo: ¿Podemos prescindir de los mitos?, en Obrero Revolucionario Nº 1211, 24 de agosto, 2003.
[21] Jorge Luis Borges, en La Nación (Buenos Aires), domingo 2 de octubre de 1949, Segunda Sección, p. 1
[22] Tocata y fuga en la noche. Auge y caída de un mito americano, Miguel Garrido Muñoz. Cuadernos de Jazz nº 87 , marzo-abril 2005

lunes, 7 de mayo de 2007

Huellas y desdoblamientos



15/12/2005








Cette idole, yeux noirs et crin jaune, sans parents ni cour, plus noble que la fable, mexicaine et flamande; son domaine, azur et verdure insolents, court sur des plages nommées, par des vagues sans vaisseaux, de noms férocement grecs, slaves, celtiques.

ENFANCE, Illuminations, Arthur Rimbaud






El arte parece ser el empeño por descifrar o perseguir la huella dejada por una forma perdida de existencia.

María Zambrano




























Introducción







Trataré de perseguir en este ensayo las huellas de dos escritores argentinos, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar a lo largo de la obra capital del chileno Roberto Bolaño, Los detectives salvajes; de la misma manera que podría haber decidido perseguir las huellas de Bolaño en Borges y Cortázar porque la literatura no se mueve en el tiempo sino que se mueve en su propio tiempo, acaso eterno o atemporal, si es que es cierto que finalmente la obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad, como profetiza un crítico literario en la novela del chileno.
Puede decirse sin miedo a equivocarse que Roberto Bolaño bebe en gran medida de sus antecesores nada más que por el hecho de haber venido antes ellos que él en el espacio tiempo, pero siendo justamente ese acto de bebida el que me interesa, se diría incluso que Bolaño se emborracha de estos dos autores, verdaderos satélites alrededor de los cuales gira el cuento latinoamericano en la literatura del siglo XX. Porque aunque Los detectives salvajes parte desde y hacia el cuento, en y por el cuento, nace de él y muere en él, bien mirado estamos ante una novela puesto que si bien se trata de un dietario o diario de memorias del poeta Juan García Madero (I. Méxicanos perdidos en México (1975) y II. Los desiertos de Sonora (1976)) atravesado o partido por una sucesión de cuentos o dialogos en forma de soliloquio o de monólogo con interlocutor fantasma de multiples y dispares voces de personajes (II. Los detectives salvajes) hay un hilo que une la polifonía: los personajes. Es ciertamente una materia a la que debemos considerar Novela -como bien se le podría haber llamado nivola, como se llamó novela a Rayuela- materia que encuentra su conjointure, según el concepto del precursor de la novela moderna Chrétien de Troyes, en los personajes y en su trágico o heroico transcurso-decurso.
Realizaré por tanto un ensayo de comparación y analogía entre estos tres escritores a través de la radiografía de esas tres obras; Decir que estoy en deuda permanente con la obra de Borges y Cortázar es una obviedad. Así presenta Bolaño su novela Los detectives salvajes a la hora de recibir el premio Rómulo Gallegos en 1999. Aprovecharemos pues esta obviedad comparando un relato de cada autor con la novela del chileno, considerando El perseguidor y El sur claves en las obras de cada uno de los autores, comparación que ayudará a rastrear las coordenadas literarias de aquellos a partir de Los detectives… y a la inversa.












1. Los perseguidores salvajes: Huellas









Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,
y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…
Juan L. Ortiz, Entre Ríos, 1958











García Madero, Ulises Lima y Arturo Belano, protagonistas de Los detectives salvajes, persiguen a Cesárea Tinajero en un viaje que durará 20 años. Pero ¿quién es Tinajero? Se nos dice que es la fundadora mítica del grupo poético viscerealista desaparecida; estos van en su búsqueda sin saber muy bien porqué ni para qué, un poco para encontrar el origen, un poco para emprender una empresa y lanzarse al camino, (¿por qué sale Don Quijote de su casa?):

“...el destino de García Madero, es decir, ponerse en ruta, abandonarlo todo…” (Pág. 87)[1]

Pero más concretamente, ¿qué es Cesárea Tinajero? Es el origen y a la vez el fin, como la música que persigue Johnny Carter, el protagonista de El perseguidor; es el Tiempo, el Dios Cronos que se persigue por la vía detectivesca para resultar ser al fin la muerte. Poeta y músico como perseguidores del Tiempo y en el Tiempo; unos salen del tiempo para hallarlo, otros se insertan en él. Poetas como desveladores del enigma primero que es el Tiempo: para ello se le desafía, se vive contra él[2], à rebours, o inserido en él como Johnny:


La música me sacaba del tiempo, aunque no es más que una manera de decirlo. Si quieres saber lo que realmente siento, yo creo que la música me metía en el tiempo. (Pág. 316)[3]


Así como se está fuera de él, Out of Nowhere como la canción de Django Reinhardt que tararean Tica, Baby Lennox y Bruno (fuera de ningún lado: nowhere y también fuera de aquí y ahora, now y here), como están Out of Nowhere en las tres partes de Los detectives…, que algunos consideran funcionan como metáfora de las tres edades: infancia, juventud, senectud; nacimiento y muerte y en medio el gran viaje nebuloso de la vida compuesto de memorias y recuerdos inventados o fundados que es donde encontramos a Belano y Lima flotando, en una suerte de temporalidad confusa puesto que los conocemos a través de memorias de otros; Johnny afirma:



Lo mejor es cuando te das cuenta de que puedes meter una tienda entera en la bolsa, cientos y cientos de trajes, como yo meto la música en el tiempo cuando estoy tocando, a veces.(316)



El viaje persecutorio es también un meterse en el tiempo, y a la vez un salirse de él; es errancia en el camino que emprenden el mexicano y el chileno, como el metro para Johnny. La poesía como forma de vida: vagabundaje, miseria, provocación, ebriedad; el mismo Ulises Lima pasea por las calles de México DF durante días seguidos, no se sabe en busca de qué. Acaso para buscar más droga para vender, acaso por el simple hecho de conocer la ciudad, de vivir la cuidad, de ser la ciudad a fin de cuentas.


A veces ellos desaparecían, pero nunca por más de dos o tres días. Cuando les preguntabas adónde iban, contestaban que a buscar provisiones. Eso era todo, acerca de eso nunca hablaban de más. Por supuesto, algunos, los más cercanos, sabíamos, sino a dónde iban sí qué era lo que hacían durante esos días. A algunos les daba igual. A otros les parecía mal, decían que era un comportamiento lumpen. El lumpenismo: enfermedad infantil del intelectual. (Pág. 181)


Enfermos ‘perros románticos’, Belano y Lima; en su delirio moderno, Baudelaire y Rimbaud: sus polos eran la desesperación y la felicidad; vivir era tan solo sentirse arrebatar por la una o por la otra, hundirse en el abismo de las dos, en verdad un solo abismo, vislumbra María Zambrano, en nada distante de la afirmación del propio Bolaño acerca de su obra:


… la novela intenta reflejar una cierta derrota generacional y también la felicidad de una generación, felicidad que en ocasiones fue el valor y los limites del valor.[4]

Creadores poetas que se lanzan a vivir ya sea en desesperación, como en felicidad, pero desprendidos, lanzados al vacío y sin paracaídas pues que son huérfanos, como afirma Manuel Maples Arce: todos los poetas, incluso los más vanguardistas, necesitan un padre. Pero estos eran huérfanos de profesión[5]. La orfandad de la selva urbana de indescifrable realidad que por convención llamamos México, como ha dicho Juan Villoro, va a consultar a sus padres poetas; estos son Amadeo Salvatierra: y cuando nombraron a Cesárea yo levanté la vista y los miré como si los viera a través de una cortina de gasa, gasa hospitalaria para ser más precisos, y les dije no me llamen señor, muchachos, llámenme Amadeo, como los amigos[6]; Joaquín Font, padre adoptivo de García Madero que vive con sus tíos; Auxilio Lacouture: Yo soy la madre de la poesía Mexicana. Yo conozco a todos los poetas y todos los poetas me conocen a mí[7]. Y por fin Cesárea Tinajero, que es la madre-enigma de donde todo brota y a donde todo va a parar, porque es nacimiento y a la vez es muerte. Comienzo y fin son la misma cosa, lo que significa que no hay uno sin el otro, lo que significa un poco más allá que no hay ninguno de los dos puesto que Los detectives… empieza in medias res y acaba con una ventana vacía.
Porque al fin emprenden un viaje de vuelta y de ida hacia la muerte, de vuelta hacia la muerte anterior, hacia la nada eterna, después del viaje ulisíaco de la misma manera que Johnny emprende cada día el metro hacía la nada eterna que es la música, y cada día, vuelve a empezar:

…el chimpancé que quiere aprender a leer, un pobre tipo que se da en la cara contra las paredes y no se convence, y vuelve a empezar. (Pág. 344)

Como el guerrero, al que algunas voces llaman escritor:

Este guerrero está siempre luchando. Sabe que al final, haga lo que haga, será derrotado, sin embargo recorre la cocina literaria, que es de cemento, y se enfrenta a su oponente sin dar ni pedir cuartel.[8]

Las huellas parecen coincidir si se miran bajo una lupa adecuada: personajes semejantes en la novela de Bolaño y el cuento largo de Cortázar, por la sencilla razón que en ambas hay una intención de retratar al creador moderno, al artista del siglo XX, un desesperado que no halla equilibrio entre su obra y su vida, entre su tiempo y el de su obra, un derrotado, aunque héroe: el superhombre o artista de genio, ese ser despreciable necesario, al que hay que saber girar en torno a él sin perder la distancia, como un buen satélite. Porque como Johnny, el músico norteamericano, el perseguidor de sonidos en el tiempo, “un ángel entre los hombres, un hombre entre los ángeles, una realidad entre las irrealidades que somos nosotros”, estos poetas latinoamericanos son fantasmas:

Miré a Arturo Belano […] y por un segundo pensé que aquello que veía no era una persona, no era un ser humano de carne y hueso, con sangre en las venas como usted o como yo, sino un espantapájaros, un envoltorio de ropas desastradas sobre un cuerpo de paja y de plástico, o algo así. P.209

Lima y Belano destructivos necesarios…

Belano y Lima no eran revolucionarios. No eran escritores. A veces escribían poesía, pero tampoco creo que fueran poetas. Eran vendedores de droga. Pág. 328


Como Johnny Carter que sufre por los otros:


Cada vez que Johnny sufre, va a la cárcel, quiere matarse, incendia un colchón o corre desnudo por los pasillos del hotel, está pagando algo por ellos, está muriéndose por ellos. (Pág. 343)


La épica de las orillas, cómo refería un crítico musical a propósito de Charlie Parker, parecida en gran medida al Johnny Carter de Cortázar, de la misma manera que al Arturo Belano de Bolaño.


…desembocan en el mundo viscoso de los traficantes, la existencia vil y la construcción de un (anti)heroísmo de la marginalidad, una épica de las orillas. Los jazzistas constituyen una montonera de francotiradores que disparan a la calle desde las azoteas y los limbos. La realidad llena de apariencias y de trampas los rodea, la fantasía y las representaciones del arte intentan tapar sus agujeros, sus fisuras, o, por lo menos, construir una habitación donde puedan ingresar aquellos que le dan la espalda al mundo y aceptan un reglamento de vida diferente, nunca escrito, que consiste sólo en normas ausentes e impracticables. El espacio resbaladizo de una antropología cuyos cimientos son el deseo y los sueños.[9]


Sus huellas son las de personajes que representan lo impenetrable, como Johnny: inútil cabrearte con él porque es como el viento que te despeina, lo incomprensible porque camina hacia atrás, como los realvisceralistas:

-De espaldas, mirando un punto pero alejándonos de él, en línea recta hacia lo desconocido. (Pág. 17)

Por ello son seductores sin quererlo:

Nunca los había visto tan hermosos. Sé que es cursi decirlo, pero nunca me parecieron tan hermosos, tan seductores. Aunque no hacían nada para seducir. Al contrario, estaban sucios, quién sabe cuánto hacía que no se daban una ducha, cuánto que no dormían, estaban ojerosos y necesitaban un afeitado.(Pág. 189)


Como Johnny, el héroe pobre diablo enfermo y vicioso y sin voluntad y lleno de poesía y de talento[10], del cual se nos dice que:
no es necesario ser mujer para sentirse atraído por Johnny; lo dificil es girar en torno a él sin perder la distancia, como un buen satélite, como un buen crítico. (Pág 342)


La épica que contiene una ética, que es la del joven, la del exiliado, la del poeta, la que escogió Cervantes, la del valiente,

la militancia […] que era nuestra juventud […] porque fuimos estúpidos y generosos, como son los jóvenes, que todo lo entregan y no piden nada a cambio […] escoger era escoger la juventud y escoger a los derrotados y escoger a los que ya nada tenían.[11]



En suma, la épica de la derrota, la épica de la generación resumida perfectamente en una frase del Discurso de Caracas de Bolaño: el sueño de los valientes que murieron por una quimera de mierda[12]. Como todo sueño, una experiencia trágica; como todo sueño, una narración, como toda literatura, un sueño dirigido según Borges. El sueño de los valientes, o sea los jóvenes poetas o muchachos desnudos bajo un arco iris de fuego; como todo sueño, una épica de la tragicomedia, la del gaucho ‘insufrible’ que sale a la llanura con la aceptación de que lo van a matar de antemano, los valientes como Dahlman, que murieron por una quimera de mierda:

Era como si el Sur hubiera resuelto que Dahlmann aceptara el duelo. Dahlmann se inclinó a recoger la daga y sintió dos cosas. La primera, que ese acto casi instintivo lo comprometía a pelear. La segunda, que el arma, en su mano torpe, no serviría para defenderlo, sino para justificar que lo mataran.[13]


También podemos tomar El sur de Borges, ese ente abstracto que parece estar cifrado en el viejo gaucho extático, como esa decisión de tirarse a la literatura como forma de obra-vida, sentir la lírica del vivir en la infamia de una épica, la de ser poeta. La de empuñar con firmeza el cuchillo, acaso sin saber manejarlo, la de lanzarse al ring… la de la escritura de calidad en palabras de Bolaño: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura es básicamente un oficio peligroso. Correr por el borde del precipicio: a un lado el abismo sin fondo.[14]














2-John Dahlmann y Arturo Belano: Desdoblamientos

…y es que el escritor no ha de ponerse a sí mismo,
aunque sea de sí de donde saque lo que escribe.
Sacar algo de sí mismo es todo lo contrario de ponerse a sí mismo.
Maria Zambrano, Porqué se escribe









De la literatura del escritor chileno puede decirse que está atravesada por su vivir, y con seguridad puede decirse también que su vivir está atravesado por la literatura. Se trata de lo que un infrarealista ha llamado la vida-obra de Bolaño, puesto que el personaje Arturo Belano no solo aparece en Los detectives salvajes, sino que reaparece en casi todas las narraciones cortas o novelas del chileno como Putas asesinas, Llamadas telefónicas, o 2666. Pero al fin, ¿qué escritor no saca de sí mismo lo que escribe?, ¿Hay acaso algún personaje de literatura que no tenga nada que ver con su autor? Si bien es cierto que la literatura vive de sus autores, hay que reconocer que en Bolaño y en Borges se acentúan lo que Zambrano ha llamado la “vida novelesca” o “vivir literario”. En la aclaradora afirmación de Juan Villoro encontramos una definición satisfactoria de la narrativa de Bolaño: Bolaño atesoró una patria memoriosa hasta convertirla en atributo de su imaginación, con lo que consiguió, dice Villoro, una descolocada veracidad de la ficción.[15]
Una memoria que es atributo de la imaginación: podría adjudicársele esa definición perfectamente a Borges, para quien el recuerdo es origen y fin de toda su narrativa de ficción; como podemos comprobarlo en “El Sur”, en donde la construcción de la ficción parte de un hecho real, o mejor aún, de un recuerdo de un hecho real que le sucedió al que lo escribe, como nos lo explica el propio Borges:[16]



“En la Navidad de 1938 –el mismo año en que falleció mi padre- sufrí un grave accidente. Subía por una escalera y de pronto sentí que algo me rozaba el cuero cabelludo. Había chocado con una ventana abierta y recién pintada. A pesar de los primeros auxilios, la herida se infectó después y durante una semana no pude dormir, sufrí alucinaciones y tuve mucha fiebre. Una noche perdí el habla y tuve que ser llevado al hospital para una operación de urgencia. Me amenazó una septicemia, y durante un mes estuve, sin saberlo, entre la vida y la muerte. (Mucho después escribí sobre esto en mi cuento "El Sur").”






De la misma manera funciona la ficción en Los detectives salvajes: Belano es, junto a Lima, el fundador del movimiento real visceralista, como lo fue Roberto Bolaño junto a Mario Santiago del movimiento infrarealista[17]. Si “Los detectives salvajes” violentan la historiografía de la cultura oficial y plantean un modelo alternativo de memoria[18], como anunciaba un crítico, debemos tomar la novela de Bolaño como un testimonio de una realidad que aparece desfigurada, transfigurada, disfrazada. De la misma manera que El sur está basada en una experiencia real del propio Borges, desdibujada en una acción que seguramente no sucedió realmente, como seguramente tampoco sucedió el final de Los detectives salvajes.
Si hay un elemento distintivo en la producción del autor, son las referencias autobiográficas. Sus alter ego Arturo Belano o B. se repiten incesantemente en sus relatos, así como también escenarios y situaciones en los que alguna vez deambuló. Ese yo biográfico lo veo desde alguien que busca hacer una presencia y señalar la fractura de esa misma presencia. Bolaño está ahí, pero a la vez no está. Es decir, se trata de un yo totalmente fragmentado, que se contradice de una u otra manera.[19]
¿No será ese acaso todo fin del alter ego en la literatura, el de señalar una fractura de una identidad, ese estar y no estar al mismo tiempo, ese soy yo pero no soy yo?
Una metaficción tendiente a evidenciar el remontaje del realismo. Es un estar en un real textualizado, lo cual permite la disolución de los contornos entre ambas zonas.
¿Qué pasa cuando se diluyen los contornos? O dicho de otra manera, ¿qué pasa cuando literatura y vida se confunden? Más aún, ¿qué pasa cuando la vida pasa a formar parte de la literatura y la literatura pasa a formar parte de la vida?: Bolaño reconoce en una entrevista que “la literatura siempre vive a través de uno. Del escritor o del lector: llegado a un cierto punto de ebullición, ambas figuras se confunden”. Por lo que se deduce que leer y escribir es un espejo que nos devuelve nuestra imagen. ¿Cómo llegar a estar seguros de cuál es el original? Del mismo modo, ¿Cual de los dos mundos es más real?



…se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.[20]






Desde Cervantes el objetivo de la narrativa moderna es el de confundir los contornos entre ficción y realidad; el loco es siempre el que dice las más grandes verdades. Es justamente en la ficción donde descubrimos la dudosa realidad de la realidad misma. Allí se nos aparece lo que no es real pero podría serlo, lo veraz, que demuestra efectivamente la exigua fiabilidad de aquello que llamamos realidad.
Por otra parte, el desdoblamiento que encontramos en estas dos obras que aquí trato de comparar, se dan por un mecanismo de diferencia entre lo que pasó y lo que podría haber pasado, diferencia entre el recuerdo de la realidad y la realidad real, valga la redundancia. Diferencia pues entre pasado y pasado recordado, con lo que tenemos que el recuerdo es el mayor detonante de la imaginación. Tanto en la obra de Borges como en la de Bolaño, se transfigura la realidad vivida para hacerla ficción y poder tratar de explicar la realidad misma. Se cumple entonces lo que el sabio Goethe convertía en máxima: “el arte es el medio más seguro de aislarse del mundo así como de penetrar en él”.
Ese es el desdoblamiento del que he tratado de hablar aquí, una manera de estar y no estar, de penetrar y de aislarse, lo que consiguen estos autores; desdoblarse en otra persona, mecanismo que se da tanto en el lector como en el escritor de todos los tiempos, pero más concretamente en el hombre de nuestro siglo, como bien ha visto María Zambrano:



…el arquetipo del hombre moderno: oscilante, doble o más bien múltiple, con varios rostros posibles y ninguno completo. Alguien que vive envuelto, apresado por categorías ambivalentes en pleno equívoco: víctima y actor, perseguido y perseguidor, enamorado y narcisista.

































Epílogo


¿Cómo funciona la literatura cuando la sometemos a agitación y a crítica, cuando bajo la máscara de críticos nos disponemos a disecarla y a tratar de descifrarla?, como denunciaba Bécquer:



Sobre la poesía no ha dicha nada casi ningún poeta; pero, en cambio, hay bastante papel emborronado por muchos que no lo son. El que la siente se apodera de una idea, la envuelve en una forma, la arroja en el estudio del saber, y pasa. Los críticos se lanzan entonces sobre esa forma, la examinan, la disecan y creen haberla entendido cuando han hecho su análisis. La disección podrá revelar el mecanismo del cuerpo humano; pero los fenómenos del alma, el secreto de la vida, ¿cómo se estudian en un cadáver? No te extrañes. Un sabio alemán ha tenido la humorada de reducir a notas y encerrar en las cinco líneas de una pauta el misterioso lenguaje de los ruiseñores. Yo, si he de decir la verdad, todavía ignoro qué es lo que voy a hacer; así es que no puedo anunciártelo anticipadamente.

Después de aquella tan gratificante primera lectura, en el análisis de una obra aparece lo que todo buen creador debe dejar escondido. Pero es que en realidad gozamos en disecar a los grandes autores porque disfrutarlos no nos basta para entenderlos, sino que es preciso asestarles nuestra visión, nuestra crítica, nuestro jucio, a fin de cuentas. A este aspecto dice Vicente Huidobro:



Poco no importan los errores o las verdades en un gran autor. Por mi parte puedo asegurar que muchos autores me gustan más en sus imperfecciones que en sus aciertos. Lo que nos interesa en Nietzsche no son las verdades de Nietzsche sino la nietzschesidad de Nietzsche.



Y añadiríamos que lo que nos interesa en un gran autor son nuestros propios errores o nuestros propios aciertos, puesto que vemos en una literatura lo que queremos ver, lo que deseamos ser. Vamos a buscar las respuestas a las preguntas que nosotros mismos nos cuestionamos, vamos a buscarnos a nosotros mismos, como en el amar, como en el soñar. Entonces trabamos afinidades y nos movemos por territorios análogos. El libro nos habla de nosotros mismos, nos devuelve nuestra imagen, nos desdoblamos.
Como hemos podido ver existen puntos en común entre estos tres autores, que han funcionado como una valorización de la literatura del último, Roberto Bolaño, a través de su obra Los detectives salvajes. Las huellas de los personajes de la magna novela premiada con el Rómulo Gallegos parecen coincidir con las pisadas del Jonny Carter de El perseguidor; en cuanto a El sur, hemos visto que el mecanismo del personaje alter ego opera de la misma manera que en Los detectives…, como opera en verdad en casi toda la literatura. Los personajes que creamos al escribir una ficción funcionan así: son nosotros mismos pero a la vez no lo son, están inspirados en el carácter de su creador, pero a la vez están reflejados en el recuerdo de su creador que mayoritariamente es una invención, o sea, una deformación del pasado, una alteración de la realidad. ¿Qué hay en los recuerdos de ficción y qué de realidad? La respuesta está en los libros.


































We dream -- it is good we are dreaming --
It would hurt us -- were we awake --
But since it is playing -- kill us,
And we are playing -- shriek --

What harm? Men die -- externally --
It is a truth -- of Blood --
But we -- are dying in Drama --
And Drama -- is never dead --

Cautious -- We jar each other --
And either -- open the eyes --
Lest the Phantasm -- prove the Mistake --
And the livid Surprise

Cool us to Shafts of Granite --
With just an Age -- and Name --
And perhaps a phrase in Egyptian --
It's prudenter -- to dream --



Emily Dickinson








































































notas




[1] Roberto Bolaño. Los detectives salvajes. Anagrama, Barcelona, 1997. Cito esta edición con el número de página.
[2] Comenta Ignacio Echevarría: “El DF es el campo de batalla donde se decidió la derrota contra el tiempo de una generación entera –la de Bolaño mismo- de jovenes malogrados, la mayoría poetas, todos olvidados.” En La escritura como tauromaquia. Celina Manzoni (compiladora), Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2002.
[3] Julio Cortázar, El perseguidor, en Obras Completas, Galaxia Gutemberg y Circulo de Lectores, Barcelona, 2003. Cito esta edición con el número de página.
[4] En Acerca de “Los detectives salvajes” publicado en Roberto Bolaño, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2004. Pág. 327
[5] Pág. 177
[6] Pág. 142
[7] Pág. 190
[8] Roberto Bolaño, Entre paréntesis, Anagrama, Barcelona, 2003. Pág 323.
[9] Miguel Garrido Muñoz, Tocata y fuga en la noche. Auge y caída de un mito americano, en Cuadernos de Jazz nº 87 , marzo-abril 2005.
[10] Op. Cit. Pág. 339
[11] Op Cit. Pág. 38
[12] Op. Cit. Pág. 38
[13] Jorge Luis Borges, El sur, en Prosa completa, Volumen 1, Ed. Bruguera, Barcelona, 1980.
[14] Op. Cit. Pág. 36
[15] En “La escritura como tauromaquia”.
[16] En: Emir Rodríguez Monegal, Borges, una biografía literaria, FCE, México, 1993. Pág. 291.
[17] “Roberto Bolaño dejó México en 1977. Antes lo habían hecho Mario Santiago, Bruno Montané y Juan Harrington, quien habría inspirado a Juan García Madero, protagonista de Los Detectives Salvajes. Los infrarrealistas se tomaron en serio el asunto de dejarlo todo y lanzarse a los caminos y el paradero de cada uno se volvió difuso. Santiago partió a Israel, Bolaño anduvo por África, Francia y finalmente recaló en Cataluña. Otros tantos permanecieron en México, pero todos, salvo Bolaño, volvieron alguna vez. Repartidos cada cual a su suerte desempeñaron todo tipo de oficios. Bolaño trabajó de vigilante de camping, lavaplatos, camarero, descargador de barcos, basurero y recepcionista. Las cartas, como era de esperar, se volvieron vitales: “-Querido Juan, de Mario sin noticias últimas. Bruno estuvo viviendo con él hace cosa de un mes. Yo viví con él hace dos meses. Conoce París como si fuera la Colonia Portales. Es amigo de los poetas jóvenes de París. Según Bruno, Mario asola los mercados Potin. Iba a sacar una revista con gente chilena y peruana y francesa. La revista sería bilingüe. No sé qué habrá pasado.” En El pasado infrarealista de Bolaño, por Matías Sánchez
[18] Op. Cit. Pág. 122
[19] Álvaro Bisama en Roberto Bolaño: un modelo para armar. Patricia Espinosa (compiladora) de pronta aparición.
[20] Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Capítulo I, Primera parte. RBA editores, Barcelona, 1994.